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martes, 21 de noviembre de 2017

Malaquías 3:8-10

 
 

 “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

Este versículo es, sin duda, uno de los más polémicos de la Biblia, por no decir el más polémico. Para algunos, el diezmar y ofrendar no es una obligación, ya que (según ellos) esto se hacía en la Ley de Moisés, la cual fue abolida con el Nuevo Pacto en la sangre de Cristo Jesús. Falso: el diezmo surgió antes de la Ley de Moisés, de hecho empezó con Abraham, cuando dió los diezmos al sacerdote Melquisedec (Génesis 14:20). En el caso de la ofrenda, el primero en ofrendar fue Abel, hijo de Adán y Eva, antes que Abraham. Por lo tanto, queda demostrado que el diezmo y la ofrenda existieron antes de la Ley. No obstante, el diezmar y ofrendar es decisión libre del creyente y depende de su fe y de su relación personal con Dios.

Según este versículo bíblico, más que una obligación del creyente, el diezmo y la ofrenda es un principio de Dios para probar la fe del hombre y donde nosotros probamos a Dios, ya que Él no necesita dinero. Este dinero es, como dice el versículo, para que haya alimento en la casa de Dios. Si entendemos y practicamos este principio, cosa que no es nada fácil, sabremos que Dios no nos quita, sino que nos multiplica lo que ganamos, ya que todo lo que tenemos es de Dios (Hageo 2:8), incluída nuestra vida. De esta manera, nunca nos faltará el dinero, ni se irá por saco roto, porque Dios lo ha prometido.

Algunos preguntaran: ¿si no diezmamos ni ofrendamos, seremos salvos?. La salvación no depende de esto, pero eso no quiere decir que no debamos diezmar ni ofrendar. Como digo, depende de la fe de cada uno. Jesús no vino a abolir la ley, sino a confirmarla (Mateo 5:17-20). Lo que Jesús abolió fué el modo de justificar nuestra salvación: ya no es por la ley, sino por la gracia y la fe en Él. Por lo tanto, la ley hay que cumplirla, también el diezmo y la ofrenda. ¿O acaso no debemos cumplir los diez mandamiento como está escrito?. La Ley no fue hecha para el justo, sino para juzgar y condenar a los que la incumplan (1ª Timoteo 1:9, Romanos 2:12). El que incumple la ley, peca. Pero tenemos un abogado: Jesucristo, quien nos perdona nuestro pecado si tenemos fe en Él (1ª Juan 2:1).

Por último, cabe resaltar que el dinero es lo que más utiliza Dios para probar la fe del hombre. Hemos sido creados por Dios en este mundo para pasar un periodo de prueba previo, como “requisito” antes de entrar en su reino. El dinero es un instrumento que Dios utiliza para ver qué hay en el corazón del hombre. El hombre necesita dinero para sobrevivir, es por ello que nos afanamos en conseguirlo, olvidándonos de que Él es nuestro proveedor (Génesis 22.14, Filipenses 4:19).

Hemos llegado al final del Antiguo Testamento, con el profeta Malaquías. En la próxima entrada del blog entraremos de lleno en el Nuevo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

La desobediencia de Jonás



Dios habló al profeta Jonás y le ordenó que fuera a la ciudad de Nínive con un mensaje. La ira de Dios estaba sobre esta ciudad debido a la maldad de sus habitantes. Pero Jonás desobedeció la orden y huyó en un barco hacia otra ciudad llamada Tarsis. Por el camino, se formó una gran tormenta que casi hunde el barco con todos sus ocupantes. Todos clamaron a sus dioses para que los librara, pero la tormenta seguía. Jonás se quedó dormido en el camarote y los compañeros lo despiertan, pensando que él era el culpable de tal situación. Así lo reconoció Jonás, ya que desobedeció la orden de Jehová de ir a Nínive. Les dijo que lo sacara del barco y lo tirara al mar como única salida para evitar el desastre...y así fue. Jonás es tragado por un gran pez por tres días y tres noches. Su miedo era tal que se arrodilló y oró al señor para que lo perdonara y lo librara. Dios escuchó la oración y el pez lo expulsó de sus entrañas.

Por segunda vez, Dios ordena a Jonás ir a Nínive, obedeciendo esta vez su voz. El mensaje era que la ciudad sería destruida en cuarenta días. Todos le creyeron y el rey proclamó ayuno, incluso hasta los animales. Dios los perdonó y se echó atrás en su intención de destruir la ciudad.

A Jonás no le gustó la actitud de Dios de perdonarlos, y así le reprochó a Dios. Se disgustó tanto que le pidió a Dios que le quitara la vida. Entonces ocurrió que Jonás salió de la ciudad y se sentó bajo una planta que le daba sombra. Al otro día, la planta se marchitó por un gusano y dejó de dar sombra. Además, un viento caliente hizo que Jonás desfalleciera y le insistió a Dios que le quitara la vida. Dios provocó esta situación para explicarle a Jonás porqué perdonó a Nínive. Jonás se compadeció de una simple planta que le daba sombra y ¿no podía Dios compadecerse de una gran ciudad que se arrepintió de su pecado?. Así le contestó Dios a Jonás.

Sin duda, el tema central de este libro es el Plan de Salvación de Dios para su pueblo. La palabra Jonás significa “paloma”, utilizada para enviar un mensaje a un lugar lejano (Nínive). Dios quiere llevar el mensaje de Salvación a toda criatura (Marcos 16:15), él es un Dios misericordioso y compasivo, lento para la ira y grande en misericordia y verdad (Salmos 86:15). A veces es necesario pasar por desiertos o pruebas para madurar espiritualmente, Jonás se desvió de la voluntad de Dios, pasó duras pruebas, y clamó a Dios para que lo librara, al igual que el pueblo de Nínive. Este mensaje nos recuerda que Dios nos manda a predicar el Evangelio del Arrepentimiento y la Salvación en Cristo Jesús (Mateo 9:37-39).

En el Evangelio de Mateo 16:4, los fariseos le piden a Jesús que les muestre una señal de que Él era el Mesías. Jesús les contestó que no les daría ninguna señal, excepto la del profeta Jonás. Esto quiere decir que, así como Jonás fue la señal para los ninivitas, también lo sería Jesús para esta generación. La señal de Jonás fue su resurrección simbólica de la muerte, cuando estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez clamando al Señor que lo salvara. Del mismo modo, Jesús murió pasando tres días y tres noches en el sepulcro, resucitando al tercer día. Una vez más, Dios muestra su gracia y su misericordia a quienes confían en Él y en su hijo Jesucristo, quien nos amó y regaló la Salvación, pagando un alto precio por nosotros.

La oración de Jonás:

“Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová”. Jonás 2:1-9


miércoles, 9 de agosto de 2017

La Integridad de Job



En este blog bíblico he intentado escribir las entradas siguiendo un orden cronológico, aunque la Biblia no esta escrita de esta manera. El libro de Job debería ubicarse después de Génesis, lo que pasa es que Job es un libro aislado que no sigue el hilo de los personajes del Génesis, ni se sabe exactamente su ubicación cronológica.

Este libro empieza con un diálogo que tuvo lugar entre Dios y el mismísimo diablo ó Satanás. Satanás significa “adversario” o “calumniador”. Según la Biblia, el diablo es un ángel caido del cielo que se rebeló contra Dios porque quiso ser como él, pero éste lo arrojó a la tierra junto con sus ángeles rebeldes (Apocalipsis 12:9). Además de otros títulos, es considerado “príncipe de este mundo” (Juan 12:31), “tentador” (Mateo 4:3) y “acusador” (Apocalipsis 12:2). De hecho, Satanás tiene su propio reino, que es el reino de las tinieblas ó infierno. El objetivo principal de Satanás es desobedecer a Dios, haciendo pecar al hombre para reclamar su alma. Desde el pecado de Adán y Eva, Satanás introdujo en el hombre una semilla de pecado (iniquidad), llevándolo a la muerte física y espiritual. El diablo vino a la tierra a robar, a matar y a destruir (Juan 10:10), también tiene el papel de acusador en el juicio final (Apocalipsis 12:10), también es mentiroso (Juan 8:44) y trata de enceguecer al hombre para que no crea en Dios ni en su Hijo Jesucristo (2ª Corintios 4:4), el cual venció el pecado y la muerte en la cruz del calvario (Colocenses 2:13-15). En cierta manera, cada vez que pecamos, Dios “permite” la intervención de Satanás en la vida del hombre como un derecho legal adquirido, siendo Jesucristo y su sangre derramada, la llave para librarse del infierno y entrar en el reino de Dios.

Dios consideró a Job como un hombre íntegro: lo llama varón perfecto, recto, temeroso y apartado del mal. Fue bendecido ampliamente en riquezas, posesiones y tenía una familia numerosa y bendecida. La Biblia dice en Job 1:6 que un día vinieron a presentarse delante del Señor todos sus hijos, entre los cuales vino también Satanás. Dios le pregunta a Satanás que de dónde viene y este le responde que de rodear la tierra, ya que ésta es su casa sobre la cual Dios le dió dominio. Dios, orgulloso de Job, le pregunta a Satanás si había considerado a su siervo Job. Como Satanás no podía acusarlo de nada, porque no tenía pecado, le contestó que le permita quitarle sus posesiones a ver qué pasa. Dios acepta el reto con la condición de que no le quite la vida. Le quitó a Job todas sus posesiones y a sus diez hijos, además de enfermarlo y provocar la ira de su esposa. Esta, para agravar más la situación, le dice a su marido que maldiga a Dios y que se muera. Todo el mundo se compadecía de él, pero nadie lo apoyaba en su desgracia, mas bien sus amigos se dedicaron a atacarlo y a hundirlo más. Job, en sus oraciones, se quejó ante Dios y éste lo reprendió, pero nunca lo maldijo a pesar de todo. Después de un tiempo, Dios le devolvió a Job sus riquezas multiplicadas por dos. Además, le dió siete hijos y tres hijas mas hermosas que las anteriores y vivió ciento cuarenta años.

Cuando la Biblia dice que vivnieron a presentarse ante Dios todos sus hijos (entre ellos Satanás), nos está advirtiendo que algún día todos tenemos que dar cuentas en el juicio final (Mateo 12:36, Apocalipsis 20:11-15). De esta misma manera, Jesús en su última cena reunió a sus discípulos, entre los cuales iba Judas Iscariote. Jesús dice en la Biblia que no todo aquel que dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos (Mateo 7:21), sino el que hace la voluntad de su padre. Dios quiere que seamos íntegros como Job, es decir, que perseveremos en Dios hasta el final, que no nos importen las riquezas ni las posesiones y que nunca renunciemos ni maldigamos a Dios. Porque eso es lo quiere el diablo: no se cansa de atacarnos, utiliza personas, se mete en nuestros pensamientos y nos ataca para provocar el pecado y sacarnos de la cobertura de Dios.

El diálogo entre Dios y el Diablo:

“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová”. Job 1:6-12

El final feliz de Job:

“Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas. Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc. Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos. Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días”. Job 42:12-17

sábado, 3 de junio de 2017

Nehemías y la reconstrucción de Israel



Durante el reinado del rey Artajerjes, estando el profeta Nehemías en Susa (capital del reino), recibió la visita de su hermano Hanani y otros compañeros. Nehemías le pregunto por el remanente de Israel que había quedado cautivo en Jerusalén y se entristeció cuando supo que estaban aflijidos por la destrucción y asolamiento de la ciudad. Nehemías hizo duelo por algunos días, lloró y oró al Señor por su pueblo.

Dios conocía el corazón de Nehemías, él quería regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad, pero Nehemías era servidor del rey y no era libre. Un día el rey lo vió triste y le preguntó porqué. Nehemías le contó todo y le pidió permiso para marchar a Jerusalén. El rey le concedió su deseo. Una vez allí, reunió a su gente y planeó la reconstrucción de la ciudad, empezando por las murallas. Entre la gente, había un grupo que no estaba de acuerdo con esta obra y se dedicó a insultar y a hostigar a los que trabajaban. Pero Nehemías oró al Señor y animó a su gente a que trabajara con entusiasmo. El trabajo siguió, pero la rebeldía de los enemigos de Judá era tal que les tocó trabajar con una mano y sostener la espada con la otra. 

Nehemías lideró la reconstrucción de Jerusalén y el rey lo puso como gobernador, ayudando en gran medida a su pueblo. Sus enemigos tenían miedo de lo que Nehemías estaba haciendo, ya que pensaban que su pueblo se iba a rebelar contra el rey y nombrar otro rey. Pero él siguió adelante y no se dejó amedrentar de sus enemigos, confiando siempre en que Dios estaba con él.

Una vez reconstruida Jerusalén, fueron reoconstruídas las otras ciudades de Israel. Todo el remanente regresó a su ciudad y fueron nombrados todos los dirigentes y los levitas, hasta completar la restauración de Judá. El sacerdote Esdras leyó la ley de Moisés delante de todo el pueblo y se humillaron y adoraron a Dios. Todos celebraron siete días de fiesta solemne y el octavo día se celebró asamblea. Después, juraron e hicieron pacto de cumplir la ley y no abandonar la casa de Dios. 

Tal y como predijo Dios a través de los profetas Isaías y Jeremías, el remanente de Israel había sido reunido de nuevo para volver a adorar y servir al Dios de Israel, tierra prometida por Dios a Abraham, Isaac y Jacob. La profecía se cumplió al pié de la letra. Nos damos cuenta de que cuando Dios promete algo, lo cumple. 

En la vida del cristiano hay momentos en que Dios nos habla y nos pone deseos o proyectos en nuestros corazones. Debemos actuar con sabiduría y saber en primer lugar si estos proyectos vienen de parte de Dios o no. Si vienen de parte de Dios, sin duda habrá paz en nuestros corazones. Es normal que cuando empecemos estos proyectos, se nos presenten problemas y dificultades, las cuales debemos resistir y seguir adelante. Muchas personas nos pondrán obstáculos, camuflados en forma de consejos y recomendaciones. Incluso habrá “falsos profetas” que dirán que eso no viene de parte de Dios y que la Palabra de Dios dice tal cosa. Debemos ser astutos y no hacer caso de estas personas que tratan de confundirnos y hacer fracasar nuestros proyectos. Por eso es necesario que estemos atentos y firmes para no caer en las trampas del enemigo. Hay que depender únicamente del consejo de Dios.

La oración de Nehemías:

“Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”. Nehemías 1:5-11

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martes, 17 de enero de 2017

La reina Ester



Durante el reinado del rey Asuero de Persia hubo un gran imperio que se extendía desde la India hasta Etiopía. Su capital era Susa, donde se ubicaba el palacio del rey. En cierta ocasión mandó reunir el rey a todos los príncipes, gobernantes y gente poderosa de todas las provincias para mostrarle su poder y esplendor. Fue una fiesta tremendamente lujosa con banquete, vino y utensilios de oro, plata y piedras preciosas. La reina Vasti hizo otro banquete aparte para las mujeres. Al séptimo día de fiesta, estando el rey alegre y contento, quiso mostrarle a todo el mundo la belleza de su mujer y la mandó a llamar. Pero ella se negó, desobedeciendo la orden real y la ley de Persia. Memucán, servidor de la corte, sugirió al rey que hiciera un decreto donde se le quitaran los derechos a la reina y fueran entregados a otra mujer mejor que ella. Según el rey, el desacato de la reina sería un mal testimonio y causaría escándalo entre las mujeres del reino, las cuales desobedecían a sus maridos al igual que ella. Al rey le gustó este consejo y lo cumplió. Además, mandó cartas a todas las provincias invitando a los hombres cabezas de familia a ejercer su autoridad sobre sus mujeres.

Ester, mujer israelita, huérfana, virgen y de buen parecer fue la elegida por el rey Asuero. Su padre adoptivo, Mardoqueo, servidor de la corte real, aconsejó a su hija no revelar al rey cuál era su pueblo ni su parentela. Mientras tanto, Mardoqueo seguía de cerca a su hija Ester para ver cómo le iba en su reinado. Ocurrió entonces que dos oficiales del rey, disgustados con la decisión de nombrar a Ester como reina, planearon matarlo y Mardoqueo los escuchó. Este informó a su hija, y ésta al rey, quien mandó una investigación. Finalmente, los dos oficiales fueron ahorcados.

Amán, funcionario del rey, fue ascendido de su cargo y todos debían humillarse ante él, pero Mardoqueo no quiso, alegando que él era judío. Entonces Amán quiso vengarse de él y de su pueblo, mandando hacer un decreto sellado y firmado por el rey, donde se persiguiera y matara a todos los judíos. Cuando Ester se enteró de esto, organizó un banquete al rey. Su intención era rogarle que respetara a su pueblo. El rey se enteró de que fue Mardoqueo quien le salvó la vida cuando informó a su hija del complot para matarlo. En un segundo banquete que Ester preparó para el rey y Amán, ésta acusó a Amán de querer asesinar a Mardoqueo. El rey la creyó y mandó ahorcar a Amán en la misma horca que éste preparó para Mardoqueo, reconociendo así sus buenas obras, y entregándole los bienes y privilegios de Amán.

El pueblo judío había sido amenazado de persecución y muerte después del decreto de Amán, pero ese decreto no pudo ser revocado porque fue sellado y firmado por el rey. Por ello, la petición de la reina Ester al rey fue que hiciera un decreto donde se le reconociera los derechos de su pueblo a defenderse de los ataques de sus enemigos, de manera que todos los judíos fueran reunidos para defenderse. Al final, fueron los judíos los que atemorizaron a sus enemigos y mataron a miles, entre ellos, a los diez hijos de Amán. Los botines de guerra fueron usados para dar a los pobres y necesitados judíos.

Espiritualmente hablando, el rey Asuero representa a Dios, la reina Vasti es la Iglesia desobediente y la reina Ester es la Iglesia obediente que Dios quiere. Como esposa de Dios, la Iglesia debe amarlo y adorarlo. Pero la realidad es otra: cuando el rey hace un banquete, quiere que todos asistan, pero la reina Vasti se aparta de él y hace otro banquete para las mujeres. Cuando el rey la manda a llamar, ella desobedece. Eso quiere decir que no ama a su esposo, y como consecuencia, pierde el puesto de reina y esposa. Según la ley de Dios, el hombre es cabeza de la mujer, y no al revés. Ester representa a la Iglesia que Dios quiere, una Iglesia sometida, que ame a Dios, lo adore, se humille ante Él. Por eso, cuando Ester supo que su pueblo iba a ser perseguido y aniquilado, ella se humilló, pidió ayuno a su pueblo y le preparó dos banquetes al rey para aflojarle el corazón. Como Dios es misericordioso, le concedió su petición.

Dios quiere que nos humillemos ante él y que entremos en su presencia para adorarlo. Él nos quiere dar todas las riquezas del cielo y de la tierra, somos coherederos junto con Cristo, pero con obediencia y humildad. Dios no nos debe nada a nosotros, nosotros le debemos a Él.

Citas bíblicas para consultar:

-La mujer debe someterse a su esposo: Génesis 3:16, 1ª Pedro 3:1
-Desobediencia de la reina Vasti: Ester 1:10-12
-Ester es coronada reina de Persia: Ester 2:17
-Ester pide al rey respetar su vida y la de su pueblo: Ester 7:1-3
-Ester acusa a Amán delante del rey: Ester 7:6
 
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martes, 13 de septiembre de 2016

La Fe valiente de Daniel



Durante el cautiverio de Israel en tierras de Babilonia, vino el rey Nabucodonosor y se apoderó de Jerusalén y los utensilios sagrados del templo. Entre el grupo de cautivos, se encontraba Daniel, muchacho de linaje de príncipes, inteligente y de buen parecer. Él, junto con Sadrac, Mesac y Abednego, iban a ser preparados para servir en la corte del rey y comer del banquete real. Pero Daniel no quería contaminarse con dicha comida y pidió alimentarse con verduras, frutas y agua. Pasado el tiempo de preparación para servir al rey, los encontraron diez veces más inteligentes que todos los magos y astrólogos del reino.

Un día, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño y quiso que los magos lo adivinaran y les explicara su significado. De no ser así, mandaría matar a todos los sabios del reino. Y así fue...pero Daniel fue fiel al Señor desde el principio y Dios le rebeló el sueño y el significado. Había soñado con una gran estatua con la cabeza de oro, el pecho y brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies mitad de hierro y mitad de barro. Después una roca cayó, destrozó la estatua y sus restos desaparecieron con el viento. La roca se convirtió en un gran monte que ocupó toda la tierra. Esta fue la interpretación que Daniel le dio: cada parte de la estatua representa un reino: la cabeza de oro es el reino de Nabucodonosor y los demás son reinos más débiles, donde el último (los pies) es un reino dividido. La roca representa a Dios y su reino venidero que destruye los demás reinos. Ante esta interpretación, el rey se postró rostro en tierra ante Daniel y reconoció que su Dios es el más importante y poderoso. Por ello, el rey nombró a Daniel jefe de la provincia de Babilonia y de los sabios.

Pero el rey Nabucodonosor tenía un corazón orgulloso y mandó construir una gran estatua de 30 metros de altura. Emitió un decreto en el que todo el pueblo debía adorar a la estatua y mandó echar al horno de fuego a quien no lo hiciera. Pero Sadrac, Mesac y Abednego se negaron. Estos fueron arrojados a un horno siete veces más caliente de lo normal y apareció un ángel junto a ellos que los salvó. Entonces el rey bendijo al Dios de ellos y los ascendió de sus cargos.

Mas tarde, el rey tuvo otro sueño donde aparecía un gran árbol que llegaba al cielo cargado de frutos que alimentaban a todos. Los animales se refugiaban en su sombra y la aves se posaban en sus ramas. De repente un ángel que bajó del cielo mandó cortar sus ramas y esparcir sus frutos, menos el tronco y las raíces. Ese gran árbol es el rey, dijo Daniel, que se hizo grande y poderoso. Pero el Dios Altísimo lo había sentenciado a siete años de humillación y hambre, hasta que reconociera que no hay otro Dios. Todo este sueño se cumplió tal y como Daniel lo había interpretado. Después, el reino le fue devuelto a Nabucodonosor.

Durante el reinado del rey Darío, Daniel fue uno de los gobernadores y hombre de confianza del rey, pero los demás ministros le tuvieron envidia y maquinaron la forma de acusarlo. Sugerieron al rey un decreto para prohibir la oración y petición a cualquier dios que no sea el rey durante treinta días. Quien no lo cumpliera, sería arrojado al foso de los leones. Daniel, habiéndose enterado del decreto, se fue a casa, abrió las ventanas y le oró a Dios, ya que tenía por costumbre orar tres veces al día. El rey Darío apreciaba mucho a Daniel y tuvo que cumplir con el decreto, pero se encontró con la sorpresa de que los leones no tocaron a Daniel. Al final, los acusadores de Daniel fueron los que cayeron devorados por los leones. Ante lo sucedido, el rey mandó adorar al Dios de Daniel.

Por último, Dios habla a Daniel sobre el tiempo del fin, diciendo que en aquellos días habrá una Gran Tribulación (sufrimiento) como nunca la hubo jamás, que todos los que estén escritos en el Libro de la Vida serán salvos (Arrebatamiento de la Iglesia) y que habrá un Juicio Final donde unos tendrán vida eterna y otros serán objeto de vergüenza. Ver también 1ª Tesalonicenses 4:17, donde habla de la segunda venida de Cristo y el Arrebatamiento de su iglesia.

El Milagro de Sadrac, Mesac y Abednego:

“Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.

Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían”. Daniel 3:19-27

El rey Nabucodonosor reconoce y alaba a Dios:

“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”. Daniel 4:34-37

Daniel se salva del foso de los leones:

”Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño. El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios”. Daniel 6:16-23

El rey Darío reconoce a Dios:

“El rey Darío escribió este mensaje para la gente de todas las naciones y lenguas del mundo: «Los saludo a todos y deseo que tengan paz y prosperidad. Ordeno que en todo mi reino, hasta en la más pequeña provincia, todos adoren y respeten al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo y existe para siempre. Su reino jamás será destruido; su poder no tiene fin. Él salva y libera; hace prodigios y milagros en la tierra y en el cielo. Él salvó a Daniel de los leones”. Daniel 6:25-27

La profecía del fin de los tiempos:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. Daniel 12:1-4

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sábado, 20 de agosto de 2016

La Visión de Ezequiel

 
Dios cumplió al pie de la letra todo lo que prometió por medio de sus profetas Isaías y Jeremías sobre el cruel castigo de Dios a Israel. Efectivamente, Dios juzgó a Israel con mano firme y poderosa, llevándola al cautiverio por 70 años de manos de sus enemigos. Dios siguió hablando por medio del sacerdote Ezequiel, pero éste se iba a encontrar con una sorpresa: nada más y nada menos que la misma presencia de Dios en todo su esplendor y gloria.

Ezequiel estaba un día junto al río Québar, cuando vio aparecer entre el viento una gran nube con fuego envolvente y un gran resplandor alrededor. Era una figura de cuatro seres vivientes, donde aparecía un trono y un hombre sentado en él, rodeado de fuego resplandeciente semejante al arco iris. Cuando Ezequiel vio esto, se postró rostro en tierra y oyó una voz. “Ponte de pie que voy a hablarte, le dijo”. Entonces el Espíritu entró en él, era la voz de Dios diciéndole así: "Hijo de hombre, te voy a enviar al pueblo de Israel, gente rebelde que se sublevó contra mí...” (Ezequiel 2:3). Entonces, Dios le entregó un rollo escrito que contenía gemidos, lamentos y amenazas, para que lo leyera ante su pueblo. Eran palabras de amonestación para ver si su pueblo dejaba de pecar. Dios le dijo que lo había puesto como atalaya (hombre que avisa y advierte) para amonestar al impío (Dios usa este adjetivo refiriéndose a su pueblo pecador). Y que si no cumplía su misión, Dios le iba a pedir responsabilidad a él también por el pecado de los otros. 

De nuevo Dios usa la simbología para hablar a su pueblo por medio de Ezequiel, donde habla del sitio a Jerusalén, hambre, peste, ataques de animales salvajes y que los padres comerían a su hijos, por haber profanado su santuario. Así mismo habla de la destrucción de altares paganos e ídolos de las montañas y muerte a filo de espada de los que adoran a esos ídolos.

Dios se le apareció a Ezequiel por segunda vez con todo su esplendor. Fue en su casa delante de los ancianos de Judá, y le mostró las abominaciones idólatras que su pueblo cometía en su santuario. Habla también de los verdugos de la ciudad, que darían muerte a los que cometían estas abominaciones. Pero Dios daba una segunda oportunidad a los que gemían y clamaban a causa de esas abominaciones. Fue por medio de un ángel que escribía en las frentes de estas personas para que la muerte no los alcanzara.

Dios habla también de la iniquidad (pecado que se transmite de padres a hijos) y que cada uno pagaría por su pecado. Es decir, los hijos que no pecaren, no pagarían por los pecados de sus padres. También, al igual que Isaías y Jeremías, habla de que Dios enviaría a un salvador descendiente de David (Jesucristo).

Por último, Ezequiel tiene una visión sobre las aguas que salen del templo de Jerusalén, aguas que simbolizan el Espíritu Santo de Dios en nosotros. Dios quiere llevarnos a un mayor nivel espiritual, un nivel de vida y sanidad con Cristo.

He escogido estos versículos de abajo como los más significativos e impactantes que hablan sobre lo expuesto anteriormente. No obstante, lean todo el capítulo de Ezequiel porque no tiene nada de desperdicio. Espero que aprendan y les guste. Un cordial saludo en el amor de Cristo Jesús.

Juicio de Dios a Jerusalén:

"Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo que quedare de ti. Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia”. Ezequiel 5:10-11

"Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado”. Ezequiel 5:17

 La profecía del cautiverio y remanente de Israel:

"Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así se hará con vosotros; partiréis al destierro, en cautividad. Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán paso para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra. Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá. Y a todos los que estuvieren alrededor de él para ayudarle, y a todas sus tropas, esparciré a todos los vientos, y desenvainaré espada en pos de ellos. Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las naciones, y los dispersare por la tierra. Y haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde llegaren; y sabrán que yo soy Jehová”.
Ezequiel 12:11-16

La profecía del fin de los falsos profetas:

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión? Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Haré cesar este refrán, y no repetirán más este refrán en Israel. Diles, pues: Se han acercado aquellos días, y el cumplimiento de toda visión. Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor”. Ezequiel 12:21-25

 La visión de las aguas:

"Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río. Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río”. Ezequiel 47:3-9

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jueves, 14 de abril de 2016

La aterradora profecía de Jeremías


El profeta Jeremías viene a confirmar lo que Isaías ya profetizó: la inminente destrucción de Israel.
Al igual que ocurrió con Moisés, Jeremías no se consideraba capacitado para hablar al pueblo de Israel, pero Dios lo eligió a él. Le dijo que no temiera porque él lo libraría de todo lo malo. Dios puso en su boca las palabras que mas tarde iba a pronunciar delante de todo el pueblo. 

Empieza recordando la salida de la esclavitud de Egipto, su paso por el desierto, y la llegada a la tierra prometida, donde disfrutaron de la abundancia y prosperidad de la fértil tierra. Dios reprocha a su pueblo por haberle abandonado por otros dioses paganos. De una manera sarcástica y aterradora, Dios compara a su pueblo con una prostituta, por adorar a otros dioses a los que llama baales. Lo acusa de ser un pueblo rebelde, aunque tiene misericordia de él, afirmando que no guardaría para siempre su enojo. 

Dios buscaba el arrepentimiento de su pueblo desde tiempos antiguos, pero su terquedad hizo que se le encendiera la ira. Este era el castigo: Israel iba a ser destruida, masacrada y entregada en manos de sus enemigos, también iba a ser esclavizada por 70 años. Además, afirma el Señor, Israel iba a ser reducida a ruinas y cadáveres sin enterrar. Mas tarde, Dios iba a castigar a los pueblos que lo oprimían y haría regresar un remanente fiel a una tierra desolada y en ruinas, para ser reconstruida posteriormente. 

Dios es especialmente claro cuando advierte a su pueblo que se arrepientan de sus malos caminos y que no deben adorar ídolos de piedra o madera, ya que son tradiciones de otros pueblos vecinos que no les convenía imitar. Acusa a su pueblo de haber violado el pacto que hizo en el pasado, cuando los sacó de Egipto, de que Israel sería su pueblo y Él sería su Dios. Dios utilizó la simbología para hablar a su pueblo a través de Jeremías. Utiliza un cinturón podrido para advertir que acabaría con la soberbia de su pueblo, y unas tinajas llenas de vino quebradas en el suelo, para advertir que se destruirían unos a otros. Afirma que no tendría piedad y que traería sequía, hambre, muerte y cautividad en manos de sus enemigos. 

Dios afirma que, si su pueblo se convirtiera, Él lo restauraría, lo guardaría y lo protegería de sus enemigos. También habla de un Nuevo Pacto: Israel sería su pueblo y Él su Dios, la Ley sería grabada en cada corazón y mente... y si faltaren estas leyes, también la descendencia de Israel faltaría.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jeremías 33:3). Esta es la frase que resume todo lo que Dios quiere para su pueblo: que le tema, se humille y clame a Él, para abrirle las puertas de la bendición.

Dios habla a Jeremías:

“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar". Jeremías 1:4-10

Una profecía aterradora:

“Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá". Jeremías 5:14

“Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola. Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar. Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante. Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada". Jeremías 7:30-34

Los falsos dioses y el Dios verdadero:

“Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti". Jeremías 10:1-7

La promesa de Dios:

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes". Jeremías 15:19-21

El Nuevo Pacto:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente". Jeremías 31:33-36

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domingo, 6 de marzo de 2016

Las profecías de Isaías

 
Dios habló al profeta Isaías, mostrando su ira sobre el pueblo de Israel, porque lo abandonó y se rebeló contra él. Tal era la ira de Dios, que comparaba la ciudad santa Jerusalén con una prostituta (Isaías 1:21). Cansado de pecado e idolatría, el Señor anuncia la inminente destrucción, humillación, hambre y esclavitud a la cual iba a ser sometido su pueblo. Y lo hace de una manera contundente y aterradora. Pero Dios no destruiría a Israel por completo, sino que dejaría un remanente limpio y sin mancha que volvería a clamar y a adorar a su Dios en espíritu y en verdad. Un remanente disperso por el mundo que posteriormente regresaría a su tierra. Asimismo, anuncia que vendría un Mesías con el espíritu de Dios, que traería la salvación y su reinado no tendría fin.

La palabra Mesías significa “el cristo”, la cual se menciona en el Nuevo Testamento (Juan 1:41). Además, las palabras Isaías y Jesús tienen el mismo significado (Salvación de Dios). Sin duda, Jesús era el Mesías, el Salvador. Era necesario que Jesús redimiera al pueblo de Dios, por medio de su sufrimiento y muerte, ya que el pecado es quitado con la muerte, desde el pecado original de Adán y Eva. Sólo así, Dios estaba dispuesto a perdonar a su pueblo sus pecados, por medio del arrepentimiento y la fe en Cristo.

En realidad, muchas de estas profecías ya se han cumplido: la venida y muerte de Jesucristo, la destrucción, dispersión y esclavitud del pueblo Israel (año 70 d.c.), la restauración como nación (1948) y regreso de los judíos dispersos por el mundo. Y para los que creemos en Dios, la resurrección y reinado para siempre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 

Profecía del castigo de Dios a Israel:

"Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. !!Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra". Isaías 1:1-9

Profecía del nacimiento y reinado del Mesías:

"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)". Isaías 7:14

"Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre". Isaías 9:6-7 (Versión Bíblica NVI)

Profecía de los siete espíritus de Dios en el Mesías:

"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová". Isaías 11:1-2

Profecía de la exaltación y sufrimiento del Mesías:

"He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído". Isaías 52:13-15

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros". Isaías 53:4-6

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI).

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sábado, 29 de agosto de 2015

Elías desata la Ira y el Fuego de Dios

Imagen tomada de Obrerofiel.com

Después del rey Salomón, hubo reyes que obraron mal delante del Señor y que adoraron a otros dioses ajenos, como Baal y la diosa Aserá. Pero el rey Acab fue el colmo del colmo de los reyes idólatras y desobedientes a la Palabra de Dios. Se casó con Jezabel, una mujer sidonia que adoraba y servía a Baal.

Dios habló al rey Acab por medio del profeta Elías. Este le profetizó que no llovería en los próximos años hasta que él lo ordenara. Y así fue, durante tres años y medio hubo sequía y hambre en Israel. En ese periodo de tiempo, los profetas del Señor fueron perseguidos y exterminados. Elías fue mandado por Dios a un lugar de refugio. Allí estuvo un tiempo bebiendo de un arroyo y comiendo gracias a un cuervo que le traía comida. Después lo llevó a otro lugar donde había una viuda pobre con su hijo, la cual le dio pan y agua. Elías, movido por Dios, le dijo a la viuda que mientras durara la sequía nunca se le acabaría la harina ni el aceite que tenía. Al tiempo, el hijo de la viuda enfermó y casi no respiraba, pero Elías oró a Dios y se sanó.

Después de tres años de sequía y hambre, Dios mandó a Elías a encontrarse con el rey Acab. Le pidió que trajera a los 450 profetas de Baal y los pusiera en presencia de todo Israel en un monte llamado Carmelo. El rey aceptó y cuando llegaron todos al monte Carmelo, Elías le preguntó al pueblo a qué dios quería seguir, si a Baal o al Señor. Les propuso a los profetas de Baal que invocaran a su dios y que le sacrificaran un animal como ofrenda. Él también haría lo mismo. El dios que contestara con fuego, ese sería el Dios verdadero.

Elías invitó a los 450 profetas de Baal, que eran más numerosos, a que comenzaran el sacrificio y la oración. Estuvieron desde la mañana hasta el mediodía invocando al dios Baal, pero no contestó. Después, Elías reconstruyó el altar del Señor que estaba en ruinas e hizo una zanja alrededor llena de agua. Después colocó la leña y el animal, e hizo que le echaran agua encima por tres veces. Entonces Elías invocó al Señor (vean la oración más abajo). En ese momento, cayó fuego del Señor y consumió el holocausto, el agua de la zanja, el suelo y las piedras del altar. El pueblo, al verlo, se postró y exclamó: ¡El Señor es Dios, el Dios verdadero! Elías ordenó que capturaran y ejecutaran a los profetas de Baal. Después, le dijo al rey Acab que se fuera para casa porque ya iba a volver la lluvia. Después de que Elías le pidiera siete veces al Señor que lloviera, llegó un aguacero terrible.

Sin duda, Dios estaba con Elías, él fue el único profeta del Señor que quedó vivo durante el reinado del rey Acab, mientras que Baal tenía a 450 profetas. Pero Dios no necesitaba más que a uno para demostrar su poder y grandeza. Tanto amaba Dios a Elías, que al final se lo llevó al cielo en un torbellino de fuego y nunca más se supo de él (2ª Reyes 2:11).

Todo esto nos enseña que Dios se manifiesta con poder y gloria cuando estamos con él, le obedecemos e invocamos su nombre. Él quiere enseñarnos que no hay otro Dios fuera de Él ni lo habrá jamás. Además, cuando servimos a otro dios, él muestra su ira y aplica su justicia con total soberanía. ¿Quién sabe más que Dios?

El rey Acab hace lo malo delante del Señor:

“Acab hijo de Omrí hizo lo que ofende al Señor, más que todos los reyes que lo precedieron. Como si hubiera sido poco el cometer los mismos pecados de Jeroboán hijo de Nabat, también se casó con Jezabel hija de Et Baal, rey de los sidonios, y se dedicó a servir a Baal y a adorarlo. Le erigió un altar en el templo que le había construido en Samaria y también fabricó una imagen de la diosa Aserá. En fin, hizo más para provocar la ira del Señor, Dios de Israel, que todos los reyes de Israel que lo precedieron". 1ª Reyes 16:30-33

La profecía de Elías al rey Acab:

“Ahora bien, Elías, el de Tisbé de Galaad, fue a decirle a Acab: "Tan cierto como que vive el Señor, Dios de Israel, a quien yo sirvo, te juro que no habrá rocío ni lluvia en los próximos años, hasta que yo lo ordene". 1ª Reyes 17:1

Dios ordena a Elías que se presente ante el rey Acab:

“Después de un largo tiempo, en el tercer año, la palabra del Señor vino a Elías y le dio este mensaje: Ve y preséntate ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra. Así que Elías se puso en camino para presentarse ante Acab". 1ª Reyes 18:1-2

“Cuando lo vio, le preguntó: ¿Eres tú el que le está causando problemas a Israel? No soy yo quien le está causando problemas a Israel respondió Elías. Quienes se los causan son tú y tu familia, porque han abandonado los mandamientos del Señor y se han ido tras los baales. Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reúna conmigo en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de la diosa Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel. Acab convocó en el monte Carmelo a todos los israelitas y a los profetas. Elías se presentó ante el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra".
1ª Reyes 18:17-21

La oración de Elías:

"Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. ¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su corazón! En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo vio esto, se postró y exclamó: 
¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!". 1ª Reyes 18:36-39

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI)

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miércoles, 10 de junio de 2015

El Rey Salomón

 
Cuando David reinó en Israel, Dios le prometió paz, estabilidad, honor y descendencia. También prometió una casa donde Dios habitaría para siempre, pero esa casa no la construiría él sino su hijo Salomón. Después de ser proclamado rey, Salomón se casó con la hija del faraón de Egipto y aumentó su poder y esplendor. Construyó un nuevo palacio, un templo para Dios y un muro que rodeaba la ciudad de Jerusalén. En una ocasión, Dios se le apareció en sueños y le dijo que le pidiera lo que quisiera. Salomón le pidió sabiduría para gobernar y para distinguir entre el bien y el mal. A Dios le agradó la petición de Salomón y le concedió sabiduría, pero también le dijo que le iba a dar tantas riquezas que ningún rey podría compararse con él.

Dios cumplió con su promesa y le dio a Salomón sabiduría, riquezas y esplendor en su reinado. Fue tanta la sabiduría dada a Salomón, que ejerció como rey, juez y administrador del reino. Además, hizo que Israel creciera en fronteras, en número de habitantes, en prosperidad y en poder militar.

Cuando Salomón terminó de construir el templo para Dios, mandó trasladar el Arca del Pacto y sus utensilios. Era un templo donde todo estaba hecho a base de oro, plata, bronce, y madera de cedro. En presencia de toda la congregación de Israel, Salomón oró al Señor y le pidió que habitara en el templo, que oyera la voz de su pueblo, que perdonara sus pecados y que hiciera justicia. Dios oyó la oración de Salomón y consagró el templo para habitar allí para siempre. Después hizo un pacto con él: le prometió que nunca le faltaría un descendiente en el trono a cambio de que lo siguiera y obedeciera sus mandamientos, como lo hizo su padre David. Como Salomón desobedeció a Dios uniéndose con mujeres no israelitas que adoraban a dioses ajenos, Dios castigó a su hijo Roboán, quitándole el esplendor y el poder que tuvo Salomón, para darle un reinado corto y limitado.

Como enseñanza, vemos que Salomón no pide a Dios larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos. Por eso, Dios lo exaltó y le dio la sabiduría que pidió y además le dio las riquezas y el esplendor que no pidió. Salomón escribió los proverbios de la Biblia, uno de ellos dice que vale más la sabiduría que el oro y la plata. En efecto: con sabiduría uno puede hacer negocios y trabajos para obtener riquezas. Pero si uno pide a Dios dinero y no responde, puede ser porque Dios ve orgullo en nuestro corazón, desobediencia, hipocresía u otras causas que no le agradan a él.

David proclama rey a Salomón:

“Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey. Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón! Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá". 1ª Reyes 1:32-35

El sueño de Salomón:

“Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días". 1ª Reyes 3:5-14

Salomón ora al Señor:

“Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón; que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día. Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí. Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre. Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa; tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia". 1ª Reyes 8:23-32

Dios responde a la oración de Salomón:

“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal".
1ª Reyes 9:3-9

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El Rey David


 
Hubo una época en que gobernaron caudillos en Israel, pero se cansaron y quisieron tener un rey que los gobernara. El profeta Samuel, que tenía una comunicación íntima con Dios, le oró al Señor para que le mostrara qué hacer. Dios le habló diciendo que en realidad a quien habían rechazado era a él mismo, ya que él era el verdadero rey. No obstante, Dios aceptó la petición de su pueblo, pero le advirtió de que el rey iba a ejercer una autoridad aplastante sobre ellos. Posteriormente, Samuel ungió a Saúl como primer rey. Pero al final de su reinado, Saúl murió en batalla por su desobediencia a Dios y su dureza de corazón.

Como consecuencia de la desobediencia del rey Saúl, de nuevo Dios habló al profeta Samuel y le mostró a David, un pastor de ovejas de Belén que tenía un corazón conforme a Dios. Éste, siendo tan sólo un niño, venció con una honda a Goliat, un gigante filisteo a quien todo el ejército israelí temía. Llegó a ser músico de arpa, escudero y jefe del ejército del rey Saúl. Más tarde, Samuel lo ungió como nuevo rey de Israel.

Como dice la Biblia, Saúl mató a mil y David a sus diez mil. David fue un guerrero valiente en batalla, le perdonó la vida a Saúl cuando todavía éste era rey. Fue fiel adorador a Dios y construyó un gran reino y un palacio en Jerusalén. Dios estableció su reino para siempre. Pero David no era perfecto, ya que se robó a la mujer ajena (Betsabé) e hizo que su marido muriera en batalla. También pecó de orgullo cuando vio que él vivía en un palacio de cedro y el arca del pacto de Dios se encontraba entre cortinas. Dios le recuerda a David quién lo puso en alto y que un descendiente suyo y no él construiría el templo. En definitiva, Dios le recordó a David que Él es el verdadero rey. No obstante, David se arrepintió de sus pecados y Dios lo perdonó. En sus últimos años, David escribió los Salmos que conocemos hoy en la Biblia.

David fue un ejemplo de adoración y amor a Dios. No le importó los reproches de su mujer Mical por danzar y adorar a Dios estando semidesnudo en plena calle. Pero su humildad era de agrado a Dios y por eso Dios lo exaltó, lo bendijo y le dio grandes victorias sobre sus enemigos.

El pueblo de Israel quería tener un rey:

“Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos". 1ª Samuel 8:4-9

Después de Saúl, David es proclamado rey:

“Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años". 2ª Samuel 5:1-4

La promesa de Dios a David:

“Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David". 2ª Samuel 7:1-17

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sábado, 16 de mayo de 2015

La historia de Rut y Noemí




Como cuenta la Biblia, había en Belén de Judá un hombre llamado Elimélec, casado con Noemí con dos hijos. Hubo allí una época de hambre y emigraron a Moab, tierra lejana a Belén. Noemí se quedó viuda y sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas. Una de ellas se llamaba Rut. Después de un tiempo, murieron los dos hijos de Noemí y ella quedó sola con las dos nueras. Noemí regresó a su tierra Judá con sus nueras en busca de alimento. Les explicó que debían volver a su tierra porque ella no podía hacer nada por ellas. Una de ellas volvió con sus padres y la otra nuera (Rut) quiso quedarse con su suegra Noemí. Le dijo que iría donde ella fuera, viviría donde ella viviera, su pueblo sería su pueblo, su dios sería su dios y moriría donde ella muriera. Noemí aceptó a su nuera y se fueron a Belén en plena cosecha.

Ocurrió que Rut y Noemí llegaron hasta el campo de Booz, pariente del difunto esposo de Noemí. Rut quería trabajar allí recogiendo espigas y le fue dado el permiso. Rut cayó bien a Booz y le dejó quedarse porque reconoció su valor y fidelidad con Noemí viniendo de tierra extranjera. Cuando Noemí se enteró que había estado en el campo de Booz, le dijo que se quedara allí con él porque era pariente de su esposo y tenía derecho de casarse con ella por ley. Rut hizo saber esto a Booz y éste le dijo que había otro pariente más cercano que él para casarse. Booz buscó a ese pariente pero renunció a ese derecho. Rut se casó con Booz y tuvo un hijo llamado Obed, el cual entregó a Noemí para que lo criara y la cuidara en la vejez.

Vemos que Rut fue un ejemplo de fidelidad y obediencia a Dios hasta el final. Siendo extranjera, no le importó dejar su tierra, su familia y todo para irse a vivir a Belén con su suegra, la tierra de su difunto esposo. Allí adoró y obedeció a Dios y por eso fue bendecida ella y su suegra Noemí.

Principio de la historia:

“Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido". Rut 1:1-5

Rut no quiso dejar a Noemí:

“Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más". Rut 1:15-18

Dios bendice a Rut y a Noemí:

“Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo. Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos. Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y lo crió. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed". Rut 4:13-17

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