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sábado, 3 de junio de 2017

Nehemías y la reconstrucción de Israel



Durante el reinado del rey Artajerjes, estando el profeta Nehemías en Susa (capital del reino), recibió la visita de su hermano Hanani y otros compañeros. Nehemías le pregunto por el remanente de Israel que había quedado cautivo en Jerusalén y se entristeció cuando supo que estaban aflijidos por la destrucción y asolamiento de la ciudad. Nehemías hizo duelo por algunos días, lloró y oró al Señor por su pueblo.

Dios conocía el corazón de Nehemías, él quería regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad, pero Nehemías era servidor del rey y no era libre. Un día el rey lo vió triste y le preguntó porqué. Nehemías le contó todo y le pidió permiso para marchar a Jerusalén. El rey le concedió su deseo. Una vez allí, reunió a su gente y planeó la reconstrucción de la ciudad, empezando por las murallas. Entre la gente, había un grupo que no estaba de acuerdo con esta obra y se dedicó a insultar y a hostigar a los que trabajaban. Pero Nehemías oró al Señor y animó a su gente a que trabajara con entusiasmo. El trabajo siguió, pero la rebeldía de los enemigos de Judá era tal que les tocó trabajar con una mano y sostener la espada con la otra. 

Nehemías lideró la reconstrucción de Jerusalén y el rey lo puso como gobernador, ayudando en gran medida a su pueblo. Sus enemigos tenían miedo de lo que Nehemías estaba haciendo, ya que pensaban que su pueblo se iba a rebelar contra el rey y nombrar otro rey. Pero él siguió adelante y no se dejó amedrentar de sus enemigos, confiando siempre en que Dios estaba con él.

Una vez reconstruida Jerusalén, fueron reoconstruídas las otras ciudades de Israel. Todo el remanente regresó a su ciudad y fueron nombrados todos los dirigentes y los levitas, hasta completar la restauración de Judá. El sacerdote Esdras leyó la ley de Moisés delante de todo el pueblo y se humillaron y adoraron a Dios. Todos celebraron siete días de fiesta solemne y el octavo día se celebró asamblea. Después, juraron e hicieron pacto de cumplir la ley y no abandonar la casa de Dios. 

Tal y como predijo Dios a través de los profetas Isaías y Jeremías, el remanente de Israel había sido reunido de nuevo para volver a adorar y servir al Dios de Israel, tierra prometida por Dios a Abraham, Isaac y Jacob. La profecía se cumplió al pié de la letra. Nos damos cuenta de que cuando Dios promete algo, lo cumple. 

En la vida del cristiano hay momentos en que Dios nos habla y nos pone deseos o proyectos en nuestros corazones. Debemos actuar con sabiduría y saber en primer lugar si estos proyectos vienen de parte de Dios o no. Si vienen de parte de Dios, sin duda habrá paz en nuestros corazones. Es normal que cuando empecemos estos proyectos, se nos presenten problemas y dificultades, las cuales debemos resistir y seguir adelante. Muchas personas nos pondrán obstáculos, camuflados en forma de consejos y recomendaciones. Incluso habrá “falsos profetas” que dirán que eso no viene de parte de Dios y que la Palabra de Dios dice tal cosa. Debemos ser astutos y no hacer caso de estas personas que tratan de confundirnos y hacer fracasar nuestros proyectos. Por eso es necesario que estemos atentos y firmes para no caer en las trampas del enemigo. Hay que depender únicamente del consejo de Dios.

La oración de Nehemías:

“Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”. Nehemías 1:5-11

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martes, 17 de enero de 2017

La reina Ester



Durante el reinado del rey Asuero de Persia hubo un gran imperio que se extendía desde la India hasta Etiopía. Su capital era Susa, donde se ubicaba el palacio del rey. En cierta ocasión mandó reunir el rey a todos los príncipes, gobernantes y gente poderosa de todas las provincias para mostrarle su poder y esplendor. Fue una fiesta tremendamente lujosa con banquete, vino y utensilios de oro, plata y piedras preciosas. La reina Vasti hizo otro banquete aparte para las mujeres. Al séptimo día de fiesta, estando el rey alegre y contento, quiso mostrarle a todo el mundo la belleza de su mujer y la mandó a llamar. Pero ella se negó, desobedeciendo la orden real y la ley de Persia. Memucán, servidor de la corte, sugirió al rey que hiciera un decreto donde se le quitaran los derechos a la reina y fueran entregados a otra mujer mejor que ella. Según el rey, el desacato de la reina sería un mal testimonio y causaría escándalo entre las mujeres del reino, las cuales desobedecían a sus maridos al igual que ella. Al rey le gustó este consejo y lo cumplió. Además, mandó cartas a todas las provincias invitando a los hombres cabezas de familia a ejercer su autoridad sobre sus mujeres.

Ester, mujer israelita, huérfana, virgen y de buen parecer fue la elegida por el rey Asuero. Su padre adoptivo, Mardoqueo, servidor de la corte real, aconsejó a su hija no revelar al rey cuál era su pueblo ni su parentela. Mientras tanto, Mardoqueo seguía de cerca a su hija Ester para ver cómo le iba en su reinado. Ocurrió entonces que dos oficiales del rey, disgustados con la decisión de nombrar a Ester como reina, planearon matarlo y Mardoqueo los escuchó. Este informó a su hija, y ésta al rey, quien mandó una investigación. Finalmente, los dos oficiales fueron ahorcados.

Amán, funcionario del rey, fue ascendido de su cargo y todos debían humillarse ante él, pero Mardoqueo no quiso, alegando que él era judío. Entonces Amán quiso vengarse de él y de su pueblo, mandando hacer un decreto sellado y firmado por el rey, donde se persiguiera y matara a todos los judíos. Cuando Ester se enteró de esto, organizó un banquete al rey. Su intención era rogarle que respetara a su pueblo. El rey se enteró de que fue Mardoqueo quien le salvó la vida cuando informó a su hija del complot para matarlo. En un segundo banquete que Ester preparó para el rey y Amán, ésta acusó a Amán de querer asesinar a Mardoqueo. El rey la creyó y mandó ahorcar a Amán en la misma horca que éste preparó para Mardoqueo, reconociendo así sus buenas obras, y entregándole los bienes y privilegios de Amán.

El pueblo judío había sido amenazado de persecución y muerte después del decreto de Amán, pero ese decreto no pudo ser revocado porque fue sellado y firmado por el rey. Por ello, la petición de la reina Ester al rey fue que hiciera un decreto donde se le reconociera los derechos de su pueblo a defenderse de los ataques de sus enemigos, de manera que todos los judíos fueran reunidos para defenderse. Al final, fueron los judíos los que atemorizaron a sus enemigos y mataron a miles, entre ellos, a los diez hijos de Amán. Los botines de guerra fueron usados para dar a los pobres y necesitados judíos.

Espiritualmente hablando, el rey Asuero representa a Dios, la reina Vasti es la Iglesia desobediente y la reina Ester es la Iglesia obediente que Dios quiere. Como esposa de Dios, la Iglesia debe amarlo y adorarlo. Pero la realidad es otra: cuando el rey hace un banquete, quiere que todos asistan, pero la reina Vasti se aparta de él y hace otro banquete para las mujeres. Cuando el rey la manda a llamar, ella desobedece. Eso quiere decir que no ama a su esposo, y como consecuencia, pierde el puesto de reina y esposa. Según la ley de Dios, el hombre es cabeza de la mujer, y no al revés. Ester representa a la Iglesia que Dios quiere, una Iglesia sometida, que ame a Dios, lo adore, se humille ante Él. Por eso, cuando Ester supo que su pueblo iba a ser perseguido y aniquilado, ella se humilló, pidió ayuno a su pueblo y le preparó dos banquetes al rey para aflojarle el corazón. Como Dios es misericordioso, le concedió su petición.

Dios quiere que nos humillemos ante él y que entremos en su presencia para adorarlo. Él nos quiere dar todas las riquezas del cielo y de la tierra, somos coherederos junto con Cristo, pero con obediencia y humildad. Dios no nos debe nada a nosotros, nosotros le debemos a Él.

Citas bíblicas para consultar:

-La mujer debe someterse a su esposo: Génesis 3:16, 1ª Pedro 3:1
-Desobediencia de la reina Vasti: Ester 1:10-12
-Ester es coronada reina de Persia: Ester 2:17
-Ester pide al rey respetar su vida y la de su pueblo: Ester 7:1-3
-Ester acusa a Amán delante del rey: Ester 7:6
 
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