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miércoles, 25 de octubre de 2017

La desobediencia de Jonás



Dios habló al profeta Jonás y le ordenó que fuera a la ciudad de Nínive con un mensaje. La ira de Dios estaba sobre esta ciudad debido a la maldad de sus habitantes. Pero Jonás desobedeció la orden y huyó en un barco hacia otra ciudad llamada Tarsis. Por el camino, se formó una gran tormenta que casi hunde el barco con todos sus ocupantes. Todos clamaron a sus dioses para que los librara, pero la tormenta seguía. Jonás se quedó dormido en el camarote y los compañeros lo despiertan, pensando que él era el culpable de tal situación. Así lo reconoció Jonás, ya que desobedeció la orden de Jehová de ir a Nínive. Les dijo que lo sacara del barco y lo tirara al mar como única salida para evitar el desastre...y así fue. Jonás es tragado por un gran pez por tres días y tres noches. Su miedo era tal que se arrodilló y oró al señor para que lo perdonara y lo librara. Dios escuchó la oración y el pez lo expulsó de sus entrañas.

Por segunda vez, Dios ordena a Jonás ir a Nínive, obedeciendo esta vez su voz. El mensaje era que la ciudad sería destruida en cuarenta días. Todos le creyeron y el rey proclamó ayuno, incluso hasta los animales. Dios los perdonó y se echó atrás en su intención de destruir la ciudad.

A Jonás no le gustó la actitud de Dios de perdonarlos, y así le reprochó a Dios. Se disgustó tanto que le pidió a Dios que le quitara la vida. Entonces ocurrió que Jonás salió de la ciudad y se sentó bajo una planta que le daba sombra. Al otro día, la planta se marchitó por un gusano y dejó de dar sombra. Además, un viento caliente hizo que Jonás desfalleciera y le insistió a Dios que le quitara la vida. Dios provocó esta situación para explicarle a Jonás porqué perdonó a Nínive. Jonás se compadeció de una simple planta que le daba sombra y ¿no podía Dios compadecerse de una gran ciudad que se arrepintió de su pecado?. Así le contestó Dios a Jonás.

Sin duda, el tema central de este libro es el Plan de Salvación de Dios para su pueblo. La palabra Jonás significa “paloma”, utilizada para enviar un mensaje a un lugar lejano (Nínive). Dios quiere llevar el mensaje de Salvación a toda criatura (Marcos 16:15), él es un Dios misericordioso y compasivo, lento para la ira y grande en misericordia y verdad (Salmos 86:15). A veces es necesario pasar por desiertos o pruebas para madurar espiritualmente, Jonás se desvió de la voluntad de Dios, pasó duras pruebas, y clamó a Dios para que lo librara, al igual que el pueblo de Nínive. Este mensaje nos recuerda que Dios nos manda a predicar el Evangelio del Arrepentimiento y la Salvación en Cristo Jesús (Mateo 9:37-39).

En el Evangelio de Mateo 16:4, los fariseos le piden a Jesús que les muestre una señal de que Él era el Mesías. Jesús les contestó que no les daría ninguna señal, excepto la del profeta Jonás. Esto quiere decir que, así como Jonás fue la señal para los ninivitas, también lo sería Jesús para esta generación. La señal de Jonás fue su resurrección simbólica de la muerte, cuando estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez clamando al Señor que lo salvara. Del mismo modo, Jesús murió pasando tres días y tres noches en el sepulcro, resucitando al tercer día. Una vez más, Dios muestra su gracia y su misericordia a quienes confían en Él y en su hijo Jesucristo, quien nos amó y regaló la Salvación, pagando un alto precio por nosotros.

La oración de Jonás:

“Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová”. Jonás 2:1-9


martes, 13 de septiembre de 2016

La Fe valiente de Daniel



Durante el cautiverio de Israel en tierras de Babilonia, vino el rey Nabucodonosor y se apoderó de Jerusalén y los utensilios sagrados del templo. Entre el grupo de cautivos, se encontraba Daniel, muchacho de linaje de príncipes, inteligente y de buen parecer. Él, junto con Sadrac, Mesac y Abednego, iban a ser preparados para servir en la corte del rey y comer del banquete real. Pero Daniel no quería contaminarse con dicha comida y pidió alimentarse con verduras, frutas y agua. Pasado el tiempo de preparación para servir al rey, los encontraron diez veces más inteligentes que todos los magos y astrólogos del reino.

Un día, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño y quiso que los magos lo adivinaran y les explicara su significado. De no ser así, mandaría matar a todos los sabios del reino. Y así fue...pero Daniel fue fiel al Señor desde el principio y Dios le rebeló el sueño y el significado. Había soñado con una gran estatua con la cabeza de oro, el pecho y brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies mitad de hierro y mitad de barro. Después una roca cayó, destrozó la estatua y sus restos desaparecieron con el viento. La roca se convirtió en un gran monte que ocupó toda la tierra. Esta fue la interpretación que Daniel le dio: cada parte de la estatua representa un reino: la cabeza de oro es el reino de Nabucodonosor y los demás son reinos más débiles, donde el último (los pies) es un reino dividido. La roca representa a Dios y su reino venidero que destruye los demás reinos. Ante esta interpretación, el rey se postró rostro en tierra ante Daniel y reconoció que su Dios es el más importante y poderoso. Por ello, el rey nombró a Daniel jefe de la provincia de Babilonia y de los sabios.

Pero el rey Nabucodonosor tenía un corazón orgulloso y mandó construir una gran estatua de 30 metros de altura. Emitió un decreto en el que todo el pueblo debía adorar a la estatua y mandó echar al horno de fuego a quien no lo hiciera. Pero Sadrac, Mesac y Abednego se negaron. Estos fueron arrojados a un horno siete veces más caliente de lo normal y apareció un ángel junto a ellos que los salvó. Entonces el rey bendijo al Dios de ellos y los ascendió de sus cargos.

Mas tarde, el rey tuvo otro sueño donde aparecía un gran árbol que llegaba al cielo cargado de frutos que alimentaban a todos. Los animales se refugiaban en su sombra y la aves se posaban en sus ramas. De repente un ángel que bajó del cielo mandó cortar sus ramas y esparcir sus frutos, menos el tronco y las raíces. Ese gran árbol es el rey, dijo Daniel, que se hizo grande y poderoso. Pero el Dios Altísimo lo había sentenciado a siete años de humillación y hambre, hasta que reconociera que no hay otro Dios. Todo este sueño se cumplió tal y como Daniel lo había interpretado. Después, el reino le fue devuelto a Nabucodonosor.

Durante el reinado del rey Darío, Daniel fue uno de los gobernadores y hombre de confianza del rey, pero los demás ministros le tuvieron envidia y maquinaron la forma de acusarlo. Sugerieron al rey un decreto para prohibir la oración y petición a cualquier dios que no sea el rey durante treinta días. Quien no lo cumpliera, sería arrojado al foso de los leones. Daniel, habiéndose enterado del decreto, se fue a casa, abrió las ventanas y le oró a Dios, ya que tenía por costumbre orar tres veces al día. El rey Darío apreciaba mucho a Daniel y tuvo que cumplir con el decreto, pero se encontró con la sorpresa de que los leones no tocaron a Daniel. Al final, los acusadores de Daniel fueron los que cayeron devorados por los leones. Ante lo sucedido, el rey mandó adorar al Dios de Daniel.

Por último, Dios habla a Daniel sobre el tiempo del fin, diciendo que en aquellos días habrá una Gran Tribulación (sufrimiento) como nunca la hubo jamás, que todos los que estén escritos en el Libro de la Vida serán salvos (Arrebatamiento de la Iglesia) y que habrá un Juicio Final donde unos tendrán vida eterna y otros serán objeto de vergüenza. Ver también 1ª Tesalonicenses 4:17, donde habla de la segunda venida de Cristo y el Arrebatamiento de su iglesia.

El Milagro de Sadrac, Mesac y Abednego:

“Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.

Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían”. Daniel 3:19-27

El rey Nabucodonosor reconoce y alaba a Dios:

“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”. Daniel 4:34-37

Daniel se salva del foso de los leones:

”Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño. El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios”. Daniel 6:16-23

El rey Darío reconoce a Dios:

“El rey Darío escribió este mensaje para la gente de todas las naciones y lenguas del mundo: «Los saludo a todos y deseo que tengan paz y prosperidad. Ordeno que en todo mi reino, hasta en la más pequeña provincia, todos adoren y respeten al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo y existe para siempre. Su reino jamás será destruido; su poder no tiene fin. Él salva y libera; hace prodigios y milagros en la tierra y en el cielo. Él salvó a Daniel de los leones”. Daniel 6:25-27

La profecía del fin de los tiempos:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. Daniel 12:1-4

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sábado, 20 de agosto de 2016

La Visión de Ezequiel

 
Dios cumplió al pie de la letra todo lo que prometió por medio de sus profetas Isaías y Jeremías sobre el cruel castigo de Dios a Israel. Efectivamente, Dios juzgó a Israel con mano firme y poderosa, llevándola al cautiverio por 70 años de manos de sus enemigos. Dios siguió hablando por medio del sacerdote Ezequiel, pero éste se iba a encontrar con una sorpresa: nada más y nada menos que la misma presencia de Dios en todo su esplendor y gloria.

Ezequiel estaba un día junto al río Québar, cuando vio aparecer entre el viento una gran nube con fuego envolvente y un gran resplandor alrededor. Era una figura de cuatro seres vivientes, donde aparecía un trono y un hombre sentado en él, rodeado de fuego resplandeciente semejante al arco iris. Cuando Ezequiel vio esto, se postró rostro en tierra y oyó una voz. “Ponte de pie que voy a hablarte, le dijo”. Entonces el Espíritu entró en él, era la voz de Dios diciéndole así: "Hijo de hombre, te voy a enviar al pueblo de Israel, gente rebelde que se sublevó contra mí...” (Ezequiel 2:3). Entonces, Dios le entregó un rollo escrito que contenía gemidos, lamentos y amenazas, para que lo leyera ante su pueblo. Eran palabras de amonestación para ver si su pueblo dejaba de pecar. Dios le dijo que lo había puesto como atalaya (hombre que avisa y advierte) para amonestar al impío (Dios usa este adjetivo refiriéndose a su pueblo pecador). Y que si no cumplía su misión, Dios le iba a pedir responsabilidad a él también por el pecado de los otros. 

De nuevo Dios usa la simbología para hablar a su pueblo por medio de Ezequiel, donde habla del sitio a Jerusalén, hambre, peste, ataques de animales salvajes y que los padres comerían a su hijos, por haber profanado su santuario. Así mismo habla de la destrucción de altares paganos e ídolos de las montañas y muerte a filo de espada de los que adoran a esos ídolos.

Dios se le apareció a Ezequiel por segunda vez con todo su esplendor. Fue en su casa delante de los ancianos de Judá, y le mostró las abominaciones idólatras que su pueblo cometía en su santuario. Habla también de los verdugos de la ciudad, que darían muerte a los que cometían estas abominaciones. Pero Dios daba una segunda oportunidad a los que gemían y clamaban a causa de esas abominaciones. Fue por medio de un ángel que escribía en las frentes de estas personas para que la muerte no los alcanzara.

Dios habla también de la iniquidad (pecado que se transmite de padres a hijos) y que cada uno pagaría por su pecado. Es decir, los hijos que no pecaren, no pagarían por los pecados de sus padres. También, al igual que Isaías y Jeremías, habla de que Dios enviaría a un salvador descendiente de David (Jesucristo).

Por último, Ezequiel tiene una visión sobre las aguas que salen del templo de Jerusalén, aguas que simbolizan el Espíritu Santo de Dios en nosotros. Dios quiere llevarnos a un mayor nivel espiritual, un nivel de vida y sanidad con Cristo.

He escogido estos versículos de abajo como los más significativos e impactantes que hablan sobre lo expuesto anteriormente. No obstante, lean todo el capítulo de Ezequiel porque no tiene nada de desperdicio. Espero que aprendan y les guste. Un cordial saludo en el amor de Cristo Jesús.

Juicio de Dios a Jerusalén:

"Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo que quedare de ti. Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia”. Ezequiel 5:10-11

"Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado”. Ezequiel 5:17

 La profecía del cautiverio y remanente de Israel:

"Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así se hará con vosotros; partiréis al destierro, en cautividad. Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán paso para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra. Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá. Y a todos los que estuvieren alrededor de él para ayudarle, y a todas sus tropas, esparciré a todos los vientos, y desenvainaré espada en pos de ellos. Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las naciones, y los dispersare por la tierra. Y haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde llegaren; y sabrán que yo soy Jehová”.
Ezequiel 12:11-16

La profecía del fin de los falsos profetas:

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión? Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Haré cesar este refrán, y no repetirán más este refrán en Israel. Diles, pues: Se han acercado aquellos días, y el cumplimiento de toda visión. Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor”. Ezequiel 12:21-25

 La visión de las aguas:

"Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río. Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río”. Ezequiel 47:3-9

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jueves, 14 de abril de 2016

La aterradora profecía de Jeremías


El profeta Jeremías viene a confirmar lo que Isaías ya profetizó: la inminente destrucción de Israel.
Al igual que ocurrió con Moisés, Jeremías no se consideraba capacitado para hablar al pueblo de Israel, pero Dios lo eligió a él. Le dijo que no temiera porque él lo libraría de todo lo malo. Dios puso en su boca las palabras que mas tarde iba a pronunciar delante de todo el pueblo. 

Empieza recordando la salida de la esclavitud de Egipto, su paso por el desierto, y la llegada a la tierra prometida, donde disfrutaron de la abundancia y prosperidad de la fértil tierra. Dios reprocha a su pueblo por haberle abandonado por otros dioses paganos. De una manera sarcástica y aterradora, Dios compara a su pueblo con una prostituta, por adorar a otros dioses a los que llama baales. Lo acusa de ser un pueblo rebelde, aunque tiene misericordia de él, afirmando que no guardaría para siempre su enojo. 

Dios buscaba el arrepentimiento de su pueblo desde tiempos antiguos, pero su terquedad hizo que se le encendiera la ira. Este era el castigo: Israel iba a ser destruida, masacrada y entregada en manos de sus enemigos, también iba a ser esclavizada por 70 años. Además, afirma el Señor, Israel iba a ser reducida a ruinas y cadáveres sin enterrar. Mas tarde, Dios iba a castigar a los pueblos que lo oprimían y haría regresar un remanente fiel a una tierra desolada y en ruinas, para ser reconstruida posteriormente. 

Dios es especialmente claro cuando advierte a su pueblo que se arrepientan de sus malos caminos y que no deben adorar ídolos de piedra o madera, ya que son tradiciones de otros pueblos vecinos que no les convenía imitar. Acusa a su pueblo de haber violado el pacto que hizo en el pasado, cuando los sacó de Egipto, de que Israel sería su pueblo y Él sería su Dios. Dios utilizó la simbología para hablar a su pueblo a través de Jeremías. Utiliza un cinturón podrido para advertir que acabaría con la soberbia de su pueblo, y unas tinajas llenas de vino quebradas en el suelo, para advertir que se destruirían unos a otros. Afirma que no tendría piedad y que traería sequía, hambre, muerte y cautividad en manos de sus enemigos. 

Dios afirma que, si su pueblo se convirtiera, Él lo restauraría, lo guardaría y lo protegería de sus enemigos. También habla de un Nuevo Pacto: Israel sería su pueblo y Él su Dios, la Ley sería grabada en cada corazón y mente... y si faltaren estas leyes, también la descendencia de Israel faltaría.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jeremías 33:3). Esta es la frase que resume todo lo que Dios quiere para su pueblo: que le tema, se humille y clame a Él, para abrirle las puertas de la bendición.

Dios habla a Jeremías:

“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar". Jeremías 1:4-10

Una profecía aterradora:

“Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá". Jeremías 5:14

“Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola. Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar. Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante. Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada". Jeremías 7:30-34

Los falsos dioses y el Dios verdadero:

“Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti". Jeremías 10:1-7

La promesa de Dios:

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes". Jeremías 15:19-21

El Nuevo Pacto:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente". Jeremías 31:33-36

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domingo, 6 de marzo de 2016

Las profecías de Isaías

 
Dios habló al profeta Isaías, mostrando su ira sobre el pueblo de Israel, porque lo abandonó y se rebeló contra él. Tal era la ira de Dios, que comparaba la ciudad santa Jerusalén con una prostituta (Isaías 1:21). Cansado de pecado e idolatría, el Señor anuncia la inminente destrucción, humillación, hambre y esclavitud a la cual iba a ser sometido su pueblo. Y lo hace de una manera contundente y aterradora. Pero Dios no destruiría a Israel por completo, sino que dejaría un remanente limpio y sin mancha que volvería a clamar y a adorar a su Dios en espíritu y en verdad. Un remanente disperso por el mundo que posteriormente regresaría a su tierra. Asimismo, anuncia que vendría un Mesías con el espíritu de Dios, que traería la salvación y su reinado no tendría fin.

La palabra Mesías significa “el cristo”, la cual se menciona en el Nuevo Testamento (Juan 1:41). Además, las palabras Isaías y Jesús tienen el mismo significado (Salvación de Dios). Sin duda, Jesús era el Mesías, el Salvador. Era necesario que Jesús redimiera al pueblo de Dios, por medio de su sufrimiento y muerte, ya que el pecado es quitado con la muerte, desde el pecado original de Adán y Eva. Sólo así, Dios estaba dispuesto a perdonar a su pueblo sus pecados, por medio del arrepentimiento y la fe en Cristo.

En realidad, muchas de estas profecías ya se han cumplido: la venida y muerte de Jesucristo, la destrucción, dispersión y esclavitud del pueblo Israel (año 70 d.c.), la restauración como nación (1948) y regreso de los judíos dispersos por el mundo. Y para los que creemos en Dios, la resurrección y reinado para siempre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 

Profecía del castigo de Dios a Israel:

"Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. !!Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra". Isaías 1:1-9

Profecía del nacimiento y reinado del Mesías:

"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)". Isaías 7:14

"Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre". Isaías 9:6-7 (Versión Bíblica NVI)

Profecía de los siete espíritus de Dios en el Mesías:

"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová". Isaías 11:1-2

Profecía de la exaltación y sufrimiento del Mesías:

"He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído". Isaías 52:13-15

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros". Isaías 53:4-6

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI).

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miércoles, 10 de junio de 2015

El Rey Salomón

 
Cuando David reinó en Israel, Dios le prometió paz, estabilidad, honor y descendencia. También prometió una casa donde Dios habitaría para siempre, pero esa casa no la construiría él sino su hijo Salomón. Después de ser proclamado rey, Salomón se casó con la hija del faraón de Egipto y aumentó su poder y esplendor. Construyó un nuevo palacio, un templo para Dios y un muro que rodeaba la ciudad de Jerusalén. En una ocasión, Dios se le apareció en sueños y le dijo que le pidiera lo que quisiera. Salomón le pidió sabiduría para gobernar y para distinguir entre el bien y el mal. A Dios le agradó la petición de Salomón y le concedió sabiduría, pero también le dijo que le iba a dar tantas riquezas que ningún rey podría compararse con él.

Dios cumplió con su promesa y le dio a Salomón sabiduría, riquezas y esplendor en su reinado. Fue tanta la sabiduría dada a Salomón, que ejerció como rey, juez y administrador del reino. Además, hizo que Israel creciera en fronteras, en número de habitantes, en prosperidad y en poder militar.

Cuando Salomón terminó de construir el templo para Dios, mandó trasladar el Arca del Pacto y sus utensilios. Era un templo donde todo estaba hecho a base de oro, plata, bronce, y madera de cedro. En presencia de toda la congregación de Israel, Salomón oró al Señor y le pidió que habitara en el templo, que oyera la voz de su pueblo, que perdonara sus pecados y que hiciera justicia. Dios oyó la oración de Salomón y consagró el templo para habitar allí para siempre. Después hizo un pacto con él: le prometió que nunca le faltaría un descendiente en el trono a cambio de que lo siguiera y obedeciera sus mandamientos, como lo hizo su padre David. Como Salomón desobedeció a Dios uniéndose con mujeres no israelitas que adoraban a dioses ajenos, Dios castigó a su hijo Roboán, quitándole el esplendor y el poder que tuvo Salomón, para darle un reinado corto y limitado.

Como enseñanza, vemos que Salomón no pide a Dios larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos. Por eso, Dios lo exaltó y le dio la sabiduría que pidió y además le dio las riquezas y el esplendor que no pidió. Salomón escribió los proverbios de la Biblia, uno de ellos dice que vale más la sabiduría que el oro y la plata. En efecto: con sabiduría uno puede hacer negocios y trabajos para obtener riquezas. Pero si uno pide a Dios dinero y no responde, puede ser porque Dios ve orgullo en nuestro corazón, desobediencia, hipocresía u otras causas que no le agradan a él.

David proclama rey a Salomón:

“Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey. Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón! Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá". 1ª Reyes 1:32-35

El sueño de Salomón:

“Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días". 1ª Reyes 3:5-14

Salomón ora al Señor:

“Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón; que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día. Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí. Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre. Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa; tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia". 1ª Reyes 8:23-32

Dios responde a la oración de Salomón:

“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal".
1ª Reyes 9:3-9

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El Rey David


 
Hubo una época en que gobernaron caudillos en Israel, pero se cansaron y quisieron tener un rey que los gobernara. El profeta Samuel, que tenía una comunicación íntima con Dios, le oró al Señor para que le mostrara qué hacer. Dios le habló diciendo que en realidad a quien habían rechazado era a él mismo, ya que él era el verdadero rey. No obstante, Dios aceptó la petición de su pueblo, pero le advirtió de que el rey iba a ejercer una autoridad aplastante sobre ellos. Posteriormente, Samuel ungió a Saúl como primer rey. Pero al final de su reinado, Saúl murió en batalla por su desobediencia a Dios y su dureza de corazón.

Como consecuencia de la desobediencia del rey Saúl, de nuevo Dios habló al profeta Samuel y le mostró a David, un pastor de ovejas de Belén que tenía un corazón conforme a Dios. Éste, siendo tan sólo un niño, venció con una honda a Goliat, un gigante filisteo a quien todo el ejército israelí temía. Llegó a ser músico de arpa, escudero y jefe del ejército del rey Saúl. Más tarde, Samuel lo ungió como nuevo rey de Israel.

Como dice la Biblia, Saúl mató a mil y David a sus diez mil. David fue un guerrero valiente en batalla, le perdonó la vida a Saúl cuando todavía éste era rey. Fue fiel adorador a Dios y construyó un gran reino y un palacio en Jerusalén. Dios estableció su reino para siempre. Pero David no era perfecto, ya que se robó a la mujer ajena (Betsabé) e hizo que su marido muriera en batalla. También pecó de orgullo cuando vio que él vivía en un palacio de cedro y el arca del pacto de Dios se encontraba entre cortinas. Dios le recuerda a David quién lo puso en alto y que un descendiente suyo y no él construiría el templo. En definitiva, Dios le recordó a David que Él es el verdadero rey. No obstante, David se arrepintió de sus pecados y Dios lo perdonó. En sus últimos años, David escribió los Salmos que conocemos hoy en la Biblia.

David fue un ejemplo de adoración y amor a Dios. No le importó los reproches de su mujer Mical por danzar y adorar a Dios estando semidesnudo en plena calle. Pero su humildad era de agrado a Dios y por eso Dios lo exaltó, lo bendijo y le dio grandes victorias sobre sus enemigos.

El pueblo de Israel quería tener un rey:

“Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos". 1ª Samuel 8:4-9

Después de Saúl, David es proclamado rey:

“Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años". 2ª Samuel 5:1-4

La promesa de Dios a David:

“Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David". 2ª Samuel 7:1-17

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viernes, 1 de mayo de 2015

Josué y la Conquista de la Tierra Prometida


 
Después de la muerte de Moisés, Dios eligió a Josué para dirigir, conquistar y tomar posesión de la Tierra Prometida que juró entregar a Abraham, Isaac y Jacob. Ya era el tiempo que Dios había elegido para ello, ya que el pueblo de Israel había adquirido la preparación necesaria para tal hazaña. Cuarenta años pasó el pueblo de Israel en el desierto quejándose y sufriendo las consecuencias de la falta de fe y obediencia a Dios. Incluso Moisés pecó de falta de fe cuando Dios hizo brotar agua de la roca en el desierto. Por eso Dios no le permitió entrar en la tierra prometida.

En esta nueva generación del pueblo de Israel, ya había un gran número de hombres valientes, ordenados en 12 tribus y preparados para la batalla. Dios le ordenó a Josué que se esforzara y fuera valiente, y que obedeciera la Ley como condiciones para que todo le saliera bien en la conquista que iban a emprender. De esta manera, Dios iba a estar con él y con su pueblo a donde quiera que fuera.

El río Jordán era el obstáculo que impedía que el pueblo entrara en la tierra prometida. Por ello, al igual que con el mar Rojo, Dios dividió las aguas del río hasta que todos cruzaron. El arca del pacto, que significa la presencia misma de Dios, iba delante del pueblo, la cual era sustentada por los levitas (tribu elegida por Dios para ello). Una vez cruzado el Jordán, todos los reyes enemigos de Israel les temían, ya que Dios iba con ellos.

Jericó fue la primera ciudad en ser conquistada. Una vez más Dios hizo una demostración de su poder y su gloria cuando rompió y derribó los muros que rodeaban la ciudad. Cada centímetro cuadrado que se conquistaba era condicionado por la obediencia a Dios. Pero cuando el pueblo desobedecía, se encontraba con una derrota contundente.

Esta palabra nos enseña que hay que ser esforzados y valientes para cualquier reto de la vida, pero también hay que prepararse, tener fe y obedecer los mandamientos de Dios. Si cumplimos estas condiciones, Dios peleará la batalla por nosotros y nos dará la victoria. Si no obedecemos, sufriremos derrotas y fracasos.

Dios da instrucciones a Josué:

“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión". Josué 1:1-11

Dios abre las aguas del Jordán:

“Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco". Josué 3:14-17

La conquista de Jericó:

“Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá". Josué 6:2-5

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sábado, 21 de marzo de 2015

El Arca del Pacto

 
 
Hablemos de otro pacto, ya que Dios es un Dios de pactos. Esta vez fue con su pueblo, el pueblo de Israel, y lo hizo a través de su siervo Moisés.

Después de que Dios liberara al pueblo de Israel con grandes milagros y prodigios, el pueblo de Dios fue llevado al desierto durante 40 años. La terquedad y la desobediencia del pueblo explican este largo periodo de tiempo de sufrimiento y calamidad. Dios quiso hacer un pacto con su pueblo a través de Moisés, un pacto para dar testimonio a las generaciones de sus milagros y proezas cuando fue liberado de Egipto, un pacto para sellar una alianza entre Dios y su pueblo. Esta alianza significa que Dios promete estar siempre al lado de su pueblo, a cambio de que su pueblo no adore a otro Dios y cumpla la Ley. Dicho pacto se simboliza con el arca que Dios mandó construir a Moisés.

Dios habló a Moisés en el monte de Sinaí en medio de truenos y relámpagos y un fuerte sonido de trompetas. Dios entregó su Santa Ley a Moisés en unas tablas de piedra. La Ley es un conjunto de preceptos y mandamientos que Dios exige a su pueblo. No sólo incluye los 10 Mandamientos, sino que también hablaba de purificación, expiación de pecados mediante ofrendas y santidad como condiciones para acercarse a Dios. Para ello, Dios mandó a Moisés construir un templo, llamado "tabernáculo de reunión", en cuyo interior se encuentra el arca del pacto, que representaba la presencia misma de Dios. Dentro del arca estaban las tablas de la Ley, aunque posteriormente se le añadieron la vara de Aaron reverdecida y el maná con el cual Dios alimentó a su pueblo en el desierto.

Antes de que se cumplieran los cuarenta años que el pueblo de Israel debía pasar errando por el desierto, Moisés alcanzó a ver desde lejos la hermosa y rica tierra prometida, y Dios le dijo: “Esta es la tierra que yo juré dar a Abraham, Isaac y Jacob, se la daré a tu descendencia, te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella”. Moisés aceptó con resignación y humildad la orden de Dios, y le entregó el mando a quien Dios le ordenó y murió tranquilo en la tierra de Moab.

El Pacto de la Alianza:

"Moisés subió al monte Sinaí y el Señor le dijo: Di esto a los hijos de Israel: vosotros habéis visto lo que he hecho a Egipto y cómo os he traído a mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi Alianza, vosotros seréis mi pueblo entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra, y vosotros seréis para mí Nación Santa y de Sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”. Éxodo 19:3-6

"Entonces Dios mandó sacrificar algunos animales, y tomando Moisés un poco de sangre roció con ella al pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la Alianza que hace Dios con vosotros sobre sus mandamientos”. Éxodo 24:8

La impaciencia acaba en desobediencia:

"Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido". Éxodo 32:1

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sábado, 24 de enero de 2015

El Primer Mandamiento de la Ley de Moisés

Imagen de diseño propio
El Primer Mandamiento de Dios cuando habló a Moisés en el Monte Sinaí fue: "Amarás a Dios sobre todas las cosas".

No cabe duda de que el Primer Mandamiento es el más importante y engloba a todos los demás. Dios es celoso y está en contra de toda clase de idolatría. Esto no solo lo vemos en el Antiguo Testamento, también en el Nuevo. Lo cierto es que Dios quiere que lo adoremos solamente a él, aunque en el Nuevo Testamento Dios nos entrega a Jesucristo y a su Espíritu Santo para que a través de ellos podamos llegar al Padre, que es el mismo Dios. A esto se le llama trinidad: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La imagen que ven, claro está, es un ejemplo claro de idolatría. El Partenón de Atenas es, nada y nada menos, que un templo gigantesco para adorar a la antigua diosa griega Atenea.

El Primer Mandamiento:

"Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos".
Éxodo 20:1-6

La idolatría en el Nuevo Testamento:

"Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría...El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas...Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres". Hechos 17:16, 24-25, 28-29

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Moisés y la liberación del pueblo de Israel


 
Cuando Dios habló a Moisés en la zarza, fue con el propósito de liberar al pueblo de Israel de manos del faraón de Egipto. Al principio, Moisés no creía mucho en sí mismo porque no se sentía capacitado para hablarle al faraón, pero Dios lo eligió a él para exaltarlo. De hecho Dios usa al más vil o al menos capacitado para ponerlo en alto después. Finalmente, Moisés accedió y Dios le puso a su hermano Aarón como ayudante para tal hazaña. El objetivo del Gran Yo Soy era claro: liberar a su pueblo y mostrarle sus milagros y prodigios. La liberación de Israel tuvo precio: Dios golpeó al faraón con hasta diez plagas, pero ninguna afectó a los israelitas. De hecho, el faraón acabó echándolos del país con todas sus pertenencias, joyas, etc.

Como ven en las fotos, Dios abrió el mar Rojo. Esto representa tan solo el principio de muchas maravillas y proezas. Pero el pueblo de Israel era muy terco y duro de corazón, ya que veía los milagros y al final le podía la incredulidad.

Esta enseñanza nos muestra que Dios nos ama como a su pueblo, pero él quiere que lo obedezcamos, que pongamos nuestra fe en él y que lo adoremos solamente a él. Dios nos quiere liberar de la esclavitud del pecado y llevarnos por un camino de libertad, amor y bendición. No importa cómo ni cuándo, lo importante es que Dios estará siempre con nosotros y él se encargará de hacer lo necesario con tal de que estemos bendecidos y en tierra fértil donde fluye leche y miel.

Dios se presenta a Moisés:

"Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios". Éxodo 3:1-6

Dios manda a Moisés una misión:

"Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte". Éxodo 3:7-12

Dios abre el mar:

"Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda". Éxodo 14:21-22

"Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo". Éxodo 14:30-31

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José y el sueño del faraón


 
La historia comienza así: Jacob amaba mucho a José, de 17 años de dad, siendo el menor de sus hijos, ya que lo había tenido en su vejez. Pero sus hermanos le tuvieron envidia y lo aborrecían. Un día, José tuvo un sueño revelador: soñó que él y sus hermanos estaban atando manojos de trigo, que uno de sus manojos se levantaba y los demás manojos se inclinaban alrededor del suyo. Cuando José contó este sueño a sus hermanos, éstos le preguntaron si reinaría él sobre ellos. Pero tuvo otro sueño: soñó que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban a él. Esta vez lo contó también a su padre y éste lo reprendió y le dijo: ¿acaso tu madre, yo y tus hermanos nos postraremos ante ti?. Un día, Jacob mandó a José a vigilar a su hermanos que estaban apacentando los rebaños, pero vio que se fueron lejos y los encontró. Los hermanos odiaban a José y maquinaron matarlo. Pero Rubén, el hermano mayor, no estaba de acuerdo. Al final, le quitaron la túnica que llevaba, lo echaron a un pozo seco y lo vendieron como esclavo a unos ismaelitas que pasaron por allí. Para despistar al padre, untaron la túnica con sangre animal y le dijeron que lo atacaron las bestias salvajes y lo mataron.

Cuando José llegó a Egipto, fue vendido a Potifar, capitán de la guardia del faraón. Pero Dios estaba con José y fue varón próspero. Vivió en casa de su amo Potifar, quien se dio cuenta de que Dios estaba con él y que todo lo que tocaba, Dios lo hacía prosperar. De hecho, lo puso como mayordomo de todo lo que tenía. José fue tentado por la mujer de Potifar, pero resistió la tentación debido a que temía a Dios. No obstante, fue encarcelado porque ella lo acusó ante su marido de violación. Allí en la cárcel, el jefe lo puso al cuidado de los presos. Aquí fue cuando José interpretó los sueños del copero y panadero del faraón.

Ha habido muchas épocas de crisis en la historia. La crisis económica que vivimos en la actualidad nos recuerda a la historia de José. La Biblia menciona a José como un ejemplo de previsión y administración. José fue humillado y encarcelado para luego ser exaltado. Durante esta época José tuvo un papel relevante. Siete años de bonanza y siete años de escasez fue la interpretación del sueño del faraón egipcio que sólo José pudo interpretar. Sueño en el que aparecían siete vacas gordas, siete vacas flacas, siete espigas hermosas y siete espigas menudas.

Dios tenía un propósito con José. Primero fue esclavo en Egipto, pero Dios lo puso arriba hasta llegar a ser Gobernador, sólo por debajo del faraón. Dios le dio sabiduría para administrar los siete años de abundancia económica, mandando reservar la quinta parte de la cosecha para los siete años de escasez. José evitó que su pueblo muriera de hambre.

José sueña que reinaría sobre su familia:

“Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto”. Génesis 37:5-11

José es vendido por sus hermanos:

“Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños. Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos. Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto”. Génesis 37:19-28

Dios estaba con José:
 
"Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia”. Génesis 39:1-6 

José interpreta el sueño del faraón:

"Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer. Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo. También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre. Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima. Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla. Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto". Génesis 41:25-33

Consejo de Dios al faraón:
 
"Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre". Génesis 41:34-36

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Abraham, Isaac y Jacob

 
 

 
Según la Biblia, la tierra prometida o tierra de Canaán, es la tierra que Dios prometió a Abraham y a sus descendientes Isaac y Jacob. También llamada Israel, es una tierra próspera y bendecida, pero condicionada a la obediencia de los israelitas. Dios hizo un Pacto con Abraham: le prometió tierra y descendencia, a cambio de que su generación lo siguiera y estuviera siempre con él. Abraham le creyó a Dios, pero cometió errores que posteriormente traerían consecuencias graves.

Dios ordenó a Abraham salir de la tierra de su parentela para bendecirlo en otra tierra, pero se llevó consigo a su sobrino Lot. Abraham y su pueblo fueron bendecidos, pero Lot le tuvo envidia y acabó lejos de su tío en otra tierra que él mismo eligió y que más tarde iba a significar la tierra de la desgracia y el pecado (Sodoma y Gomorra). Dichas ciudades fueron destruidas por Dios debido a la perversidad y gravedad de sus pecados. Cuando Abraham envejeció, Dios le prometió un heredero (Isaac), pero su impaciencia hizo que Sara (su esposa) le recomendara acostarse con Agar, una esclava egipcia que concibió a Ismael. Como Dios predijo, Ismael y Agar fueron desterrados hacia Egipto y fueron bendecidos. Pero también Dios cumplió con Sara, engendrándole a Isaac, el heredero de Abraham.

Nos damos cuenta que cuando Abraham no cumplió al pie de la letra con las instrucciones que Dios le dio, las consecuencias fueron nefastas. Por llevarse a Lot a la tierra prometida, vino el pecado de Sodoma y Gomorra. Y por la impaciencia de Sara nació Ismael (de madre esclava), padre de los ismaelitas y de los egipcios, de los cuales el pueblo de Abraham iba a ser esclavo por 400 años.

Después Dios probó la fe de Abraham, pidiéndole a su hijo Isaac como ofrenda. Con su obediencia, Dios confirmó su fe y por eso se le conoce como “el padre de la fe”. Por fe, debemos considerarnos hijos de Abraham, ya que él fue el padre de todas las naciones de la tierra. Todos los que le creemos a Dios descendemos de Abraham y somos bendecidos gracias al Pacto que Dios hizo con él.

De Isaac nacieron Esaú y Jacob. Curiosamente, Esaú agarró del pie a Jacob antes de nacer. Por eso Jacob significa “mano en el talón” ó “suplantador”. Dios bendice al hijo primogénito (Esaú), pero éste no supo valorar su primogenitura y se la vendió a su hermano Jacob por un plato de lentejas. Cuando Isaac fue a bendecir a su hijo mayor, lo confundió con el hermano y se la dió a Jacob. Para evitar conflictos con Esaú, Isaac mandó a Jacob a casa de Labán, su tío. Por el camino, durmió sobre una piedra y soñó con una escalera que llegaba al cielo, donde estaba Dios y le decía que le iba a dar la tierra donde estaba acostado y que multiplicaría su descendencia. Aquel lugar lo llamó Betel, que significa “Casa de Dios”. Jacob estuvo 20 años en casa de su tío Labán, tuvo dos mujeres y fue bendecido con ganado y muchos hijos. Pero Jacob tuvo conflictos con su tío y Dios le ordenó que regresara a Canaán con su padre Isaac. Llevándose a sus mujeres, siervas, once hijos y ganado, una noche se le apareció un ángel que luchó contra él. Jacob le pidió al ángel que lo bendijera y así lo hizo. El ángel le hirió el muslo a Jacob, pero Jacob obtuvo la bendición porque conocía la promesa de Dios y sus derechos como hijo de Dios. Era el ángel de Jehová quien luchó contra Jacob. Este le cambió el nombre a Jacob y le puso Israel, que significa “el que lucha con Dios”. De Jacob nacerían las 12 tribus del futuro pueblo de Israel.

Dios habla a Abraham:

"Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra...Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido”. Génesis 12:1-3,7

Dios pacta con Abraham:

"Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera. Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos”. Génesis 17:1-8


Isaac: el heredero prometido a Abraham:

"Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham”. Génesis 17:15-22

Destrucción de Sodoma y Gomorra:
 
"Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno”. Génesis 19:24-28

Dios prueba la fe de Abraham:

"Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré." "Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”. Génesis 22:1-2,10-12

Bendición de Isaac a Jacob:

"Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren". Génesis 27:26-29

La promesa de Dios a Jacob:

"Jacob se fue de Berseba hacia Jarán. Llegó a cierto lugar y allí pasó la noche porque ya había oscurecido. Tomó una piedra de ese lugar y la puso bajo su cabeza para acostarse a dormir. En sueños vio una escalera que tenía un extremo en la tierra y el otro en el cielo, y había ángeles de Dios subiendo y bajando por ella. Vio que el Señor estaba parado a su lado y le dijo: «Yo soy el Señor, Dios de tu antepasado Abraham y Dios de Isaac. Le daré a tus hijos la tierra en la que ahora estás acostado. Tendrás más descendientes que partículas de polvo hay sobre la tierra. Se esparcirán por el norte, el sur, el oriente y el occidente, y todas las familias del mundo serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia. Mira, estoy contigo, te protegeré dondequiera que vayas y te volveré a traer a esta tierra. No te abandonaré y cumpliré lo que te acabo de decir».
Después Jacob se despertó y dijo: «El Señor está en este lugar y no me había dado cuenta». Jacob estaba asustado y dijo: «¡Que lugar tan aterrador es este! Esta debe ser la casa de Dios y puerta del cielo”. Génesis 28: 10-17


Jacob arrebata a Dios su bendición:

"Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. Génesis 32:24-30

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