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sábado, 20 de agosto de 2016

La Visión de Ezequiel

 
Dios cumplió al pie de la letra todo lo que prometió por medio de sus profetas Isaías y Jeremías sobre el cruel castigo de Dios a Israel. Efectivamente, Dios juzgó a Israel con mano firme y poderosa, llevándola al cautiverio por 70 años de manos de sus enemigos. Dios siguió hablando por medio del sacerdote Ezequiel, pero éste se iba a encontrar con una sorpresa: nada más y nada menos que la misma presencia de Dios en todo su esplendor y gloria.

Ezequiel estaba un día junto al río Québar, cuando vio aparecer entre el viento una gran nube con fuego envolvente y un gran resplandor alrededor. Era una figura de cuatro seres vivientes, donde aparecía un trono y un hombre sentado en él, rodeado de fuego resplandeciente semejante al arco iris. Cuando Ezequiel vio esto, se postró rostro en tierra y oyó una voz. “Ponte de pie que voy a hablarte, le dijo”. Entonces el Espíritu entró en él, era la voz de Dios diciéndole así: "Hijo de hombre, te voy a enviar al pueblo de Israel, gente rebelde que se sublevó contra mí...” (Ezequiel 2:3). Entonces, Dios le entregó un rollo escrito que contenía gemidos, lamentos y amenazas, para que lo leyera ante su pueblo. Eran palabras de amonestación para ver si su pueblo dejaba de pecar. Dios le dijo que lo había puesto como atalaya (hombre que avisa y advierte) para amonestar al impío (Dios usa este adjetivo refiriéndose a su pueblo pecador). Y que si no cumplía su misión, Dios le iba a pedir responsabilidad a él también por el pecado de los otros. 

De nuevo Dios usa la simbología para hablar a su pueblo por medio de Ezequiel, donde habla del sitio a Jerusalén, hambre, peste, ataques de animales salvajes y que los padres comerían a su hijos, por haber profanado su santuario. Así mismo habla de la destrucción de altares paganos e ídolos de las montañas y muerte a filo de espada de los que adoran a esos ídolos.

Dios se le apareció a Ezequiel por segunda vez con todo su esplendor. Fue en su casa delante de los ancianos de Judá, y le mostró las abominaciones idólatras que su pueblo cometía en su santuario. Habla también de los verdugos de la ciudad, que darían muerte a los que cometían estas abominaciones. Pero Dios daba una segunda oportunidad a los que gemían y clamaban a causa de esas abominaciones. Fue por medio de un ángel que escribía en las frentes de estas personas para que la muerte no los alcanzara.

Dios habla también de la iniquidad (pecado que se transmite de padres a hijos) y que cada uno pagaría por su pecado. Es decir, los hijos que no pecaren, no pagarían por los pecados de sus padres. También, al igual que Isaías y Jeremías, habla de que Dios enviaría a un salvador descendiente de David (Jesucristo).

Por último, Ezequiel tiene una visión sobre las aguas que salen del templo de Jerusalén, aguas que simbolizan el Espíritu Santo de Dios en nosotros. Dios quiere llevarnos a un mayor nivel espiritual, un nivel de vida y sanidad con Cristo.

He escogido estos versículos de abajo como los más significativos e impactantes que hablan sobre lo expuesto anteriormente. No obstante, lean todo el capítulo de Ezequiel porque no tiene nada de desperdicio. Espero que aprendan y les guste. Un cordial saludo en el amor de Cristo Jesús.

Juicio de Dios a Jerusalén:

"Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo que quedare de ti. Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia”. Ezequiel 5:10-11

"Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado”. Ezequiel 5:17

 La profecía del cautiverio y remanente de Israel:

"Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así se hará con vosotros; partiréis al destierro, en cautividad. Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán paso para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra. Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá. Y a todos los que estuvieren alrededor de él para ayudarle, y a todas sus tropas, esparciré a todos los vientos, y desenvainaré espada en pos de ellos. Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las naciones, y los dispersare por la tierra. Y haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde llegaren; y sabrán que yo soy Jehová”.
Ezequiel 12:11-16

La profecía del fin de los falsos profetas:

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión? Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Haré cesar este refrán, y no repetirán más este refrán en Israel. Diles, pues: Se han acercado aquellos días, y el cumplimiento de toda visión. Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor”. Ezequiel 12:21-25

 La visión de las aguas:

"Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río. Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río”. Ezequiel 47:3-9

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jueves, 14 de abril de 2016

La aterradora profecía de Jeremías


El profeta Jeremías viene a confirmar lo que Isaías ya profetizó: la inminente destrucción de Israel.
Al igual que ocurrió con Moisés, Jeremías no se consideraba capacitado para hablar al pueblo de Israel, pero Dios lo eligió a él. Le dijo que no temiera porque él lo libraría de todo lo malo. Dios puso en su boca las palabras que mas tarde iba a pronunciar delante de todo el pueblo. 

Empieza recordando la salida de la esclavitud de Egipto, su paso por el desierto, y la llegada a la tierra prometida, donde disfrutaron de la abundancia y prosperidad de la fértil tierra. Dios reprocha a su pueblo por haberle abandonado por otros dioses paganos. De una manera sarcástica y aterradora, Dios compara a su pueblo con una prostituta, por adorar a otros dioses a los que llama baales. Lo acusa de ser un pueblo rebelde, aunque tiene misericordia de él, afirmando que no guardaría para siempre su enojo. 

Dios buscaba el arrepentimiento de su pueblo desde tiempos antiguos, pero su terquedad hizo que se le encendiera la ira. Este era el castigo: Israel iba a ser destruida, masacrada y entregada en manos de sus enemigos, también iba a ser esclavizada por 70 años. Además, afirma el Señor, Israel iba a ser reducida a ruinas y cadáveres sin enterrar. Mas tarde, Dios iba a castigar a los pueblos que lo oprimían y haría regresar un remanente fiel a una tierra desolada y en ruinas, para ser reconstruida posteriormente. 

Dios es especialmente claro cuando advierte a su pueblo que se arrepientan de sus malos caminos y que no deben adorar ídolos de piedra o madera, ya que son tradiciones de otros pueblos vecinos que no les convenía imitar. Acusa a su pueblo de haber violado el pacto que hizo en el pasado, cuando los sacó de Egipto, de que Israel sería su pueblo y Él sería su Dios. Dios utilizó la simbología para hablar a su pueblo a través de Jeremías. Utiliza un cinturón podrido para advertir que acabaría con la soberbia de su pueblo, y unas tinajas llenas de vino quebradas en el suelo, para advertir que se destruirían unos a otros. Afirma que no tendría piedad y que traería sequía, hambre, muerte y cautividad en manos de sus enemigos. 

Dios afirma que, si su pueblo se convirtiera, Él lo restauraría, lo guardaría y lo protegería de sus enemigos. También habla de un Nuevo Pacto: Israel sería su pueblo y Él su Dios, la Ley sería grabada en cada corazón y mente... y si faltaren estas leyes, también la descendencia de Israel faltaría.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jeremías 33:3). Esta es la frase que resume todo lo que Dios quiere para su pueblo: que le tema, se humille y clame a Él, para abrirle las puertas de la bendición.

Dios habla a Jeremías:

“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar". Jeremías 1:4-10

Una profecía aterradora:

“Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá". Jeremías 5:14

“Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola. Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar. Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante. Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada". Jeremías 7:30-34

Los falsos dioses y el Dios verdadero:

“Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti". Jeremías 10:1-7

La promesa de Dios:

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes". Jeremías 15:19-21

El Nuevo Pacto:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente". Jeremías 31:33-36

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domingo, 6 de marzo de 2016

Las profecías de Isaías

 
Dios habló al profeta Isaías, mostrando su ira sobre el pueblo de Israel, porque lo abandonó y se rebeló contra él. Tal era la ira de Dios, que comparaba la ciudad santa Jerusalén con una prostituta (Isaías 1:21). Cansado de pecado e idolatría, el Señor anuncia la inminente destrucción, humillación, hambre y esclavitud a la cual iba a ser sometido su pueblo. Y lo hace de una manera contundente y aterradora. Pero Dios no destruiría a Israel por completo, sino que dejaría un remanente limpio y sin mancha que volvería a clamar y a adorar a su Dios en espíritu y en verdad. Un remanente disperso por el mundo que posteriormente regresaría a su tierra. Asimismo, anuncia que vendría un Mesías con el espíritu de Dios, que traería la salvación y su reinado no tendría fin.

La palabra Mesías significa “el cristo”, la cual se menciona en el Nuevo Testamento (Juan 1:41). Además, las palabras Isaías y Jesús tienen el mismo significado (Salvación de Dios). Sin duda, Jesús era el Mesías, el Salvador. Era necesario que Jesús redimiera al pueblo de Dios, por medio de su sufrimiento y muerte, ya que el pecado es quitado con la muerte, desde el pecado original de Adán y Eva. Sólo así, Dios estaba dispuesto a perdonar a su pueblo sus pecados, por medio del arrepentimiento y la fe en Cristo.

En realidad, muchas de estas profecías ya se han cumplido: la venida y muerte de Jesucristo, la destrucción, dispersión y esclavitud del pueblo Israel (año 70 d.c.), la restauración como nación (1948) y regreso de los judíos dispersos por el mundo. Y para los que creemos en Dios, la resurrección y reinado para siempre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 

Profecía del castigo de Dios a Israel:

"Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. !!Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra". Isaías 1:1-9

Profecía del nacimiento y reinado del Mesías:

"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)". Isaías 7:14

"Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre". Isaías 9:6-7 (Versión Bíblica NVI)

Profecía de los siete espíritus de Dios en el Mesías:

"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová". Isaías 11:1-2

Profecía de la exaltación y sufrimiento del Mesías:

"He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído". Isaías 52:13-15

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros". Isaías 53:4-6

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI).

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sábado, 29 de agosto de 2015

Elías desata la Ira y el Fuego de Dios

Imagen tomada de Obrerofiel.com

Después del rey Salomón, hubo reyes que obraron mal delante del Señor y que adoraron a otros dioses ajenos, como Baal y la diosa Aserá. Pero el rey Acab fue el colmo del colmo de los reyes idólatras y desobedientes a la Palabra de Dios. Se casó con Jezabel, una mujer sidonia que adoraba y servía a Baal.

Dios habló al rey Acab por medio del profeta Elías. Este le profetizó que no llovería en los próximos años hasta que él lo ordenara. Y así fue, durante tres años y medio hubo sequía y hambre en Israel. En ese periodo de tiempo, los profetas del Señor fueron perseguidos y exterminados. Elías fue mandado por Dios a un lugar de refugio. Allí estuvo un tiempo bebiendo de un arroyo y comiendo gracias a un cuervo que le traía comida. Después lo llevó a otro lugar donde había una viuda pobre con su hijo, la cual le dio pan y agua. Elías, movido por Dios, le dijo a la viuda que mientras durara la sequía nunca se le acabaría la harina ni el aceite que tenía. Al tiempo, el hijo de la viuda enfermó y casi no respiraba, pero Elías oró a Dios y se sanó.

Después de tres años de sequía y hambre, Dios mandó a Elías a encontrarse con el rey Acab. Le pidió que trajera a los 450 profetas de Baal y los pusiera en presencia de todo Israel en un monte llamado Carmelo. El rey aceptó y cuando llegaron todos al monte Carmelo, Elías le preguntó al pueblo a qué dios quería seguir, si a Baal o al Señor. Les propuso a los profetas de Baal que invocaran a su dios y que le sacrificaran un animal como ofrenda. Él también haría lo mismo. El dios que contestara con fuego, ese sería el Dios verdadero.

Elías invitó a los 450 profetas de Baal, que eran más numerosos, a que comenzaran el sacrificio y la oración. Estuvieron desde la mañana hasta el mediodía invocando al dios Baal, pero no contestó. Después, Elías reconstruyó el altar del Señor que estaba en ruinas e hizo una zanja alrededor llena de agua. Después colocó la leña y el animal, e hizo que le echaran agua encima por tres veces. Entonces Elías invocó al Señor (vean la oración más abajo). En ese momento, cayó fuego del Señor y consumió el holocausto, el agua de la zanja, el suelo y las piedras del altar. El pueblo, al verlo, se postró y exclamó: ¡El Señor es Dios, el Dios verdadero! Elías ordenó que capturaran y ejecutaran a los profetas de Baal. Después, le dijo al rey Acab que se fuera para casa porque ya iba a volver la lluvia. Después de que Elías le pidiera siete veces al Señor que lloviera, llegó un aguacero terrible.

Sin duda, Dios estaba con Elías, él fue el único profeta del Señor que quedó vivo durante el reinado del rey Acab, mientras que Baal tenía a 450 profetas. Pero Dios no necesitaba más que a uno para demostrar su poder y grandeza. Tanto amaba Dios a Elías, que al final se lo llevó al cielo en un torbellino de fuego y nunca más se supo de él (2ª Reyes 2:11).

Todo esto nos enseña que Dios se manifiesta con poder y gloria cuando estamos con él, le obedecemos e invocamos su nombre. Él quiere enseñarnos que no hay otro Dios fuera de Él ni lo habrá jamás. Además, cuando servimos a otro dios, él muestra su ira y aplica su justicia con total soberanía. ¿Quién sabe más que Dios?

El rey Acab hace lo malo delante del Señor:

“Acab hijo de Omrí hizo lo que ofende al Señor, más que todos los reyes que lo precedieron. Como si hubiera sido poco el cometer los mismos pecados de Jeroboán hijo de Nabat, también se casó con Jezabel hija de Et Baal, rey de los sidonios, y se dedicó a servir a Baal y a adorarlo. Le erigió un altar en el templo que le había construido en Samaria y también fabricó una imagen de la diosa Aserá. En fin, hizo más para provocar la ira del Señor, Dios de Israel, que todos los reyes de Israel que lo precedieron". 1ª Reyes 16:30-33

La profecía de Elías al rey Acab:

“Ahora bien, Elías, el de Tisbé de Galaad, fue a decirle a Acab: "Tan cierto como que vive el Señor, Dios de Israel, a quien yo sirvo, te juro que no habrá rocío ni lluvia en los próximos años, hasta que yo lo ordene". 1ª Reyes 17:1

Dios ordena a Elías que se presente ante el rey Acab:

“Después de un largo tiempo, en el tercer año, la palabra del Señor vino a Elías y le dio este mensaje: Ve y preséntate ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra. Así que Elías se puso en camino para presentarse ante Acab". 1ª Reyes 18:1-2

“Cuando lo vio, le preguntó: ¿Eres tú el que le está causando problemas a Israel? No soy yo quien le está causando problemas a Israel respondió Elías. Quienes se los causan son tú y tu familia, porque han abandonado los mandamientos del Señor y se han ido tras los baales. Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reúna conmigo en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de la diosa Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel. Acab convocó en el monte Carmelo a todos los israelitas y a los profetas. Elías se presentó ante el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra".
1ª Reyes 18:17-21

La oración de Elías:

"Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. ¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su corazón! En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo vio esto, se postró y exclamó: 
¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!". 1ª Reyes 18:36-39

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI)

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sábado, 24 de enero de 2015

El Primer Mandamiento de la Ley de Moisés

Imagen de diseño propio
El Primer Mandamiento de Dios cuando habló a Moisés en el Monte Sinaí fue: "Amarás a Dios sobre todas las cosas".

No cabe duda de que el Primer Mandamiento es el más importante y engloba a todos los demás. Dios es celoso y está en contra de toda clase de idolatría. Esto no solo lo vemos en el Antiguo Testamento, también en el Nuevo. Lo cierto es que Dios quiere que lo adoremos solamente a él, aunque en el Nuevo Testamento Dios nos entrega a Jesucristo y a su Espíritu Santo para que a través de ellos podamos llegar al Padre, que es el mismo Dios. A esto se le llama trinidad: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La imagen que ven, claro está, es un ejemplo claro de idolatría. El Partenón de Atenas es, nada y nada menos, que un templo gigantesco para adorar a la antigua diosa griega Atenea.

El Primer Mandamiento:

"Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos".
Éxodo 20:1-6

La idolatría en el Nuevo Testamento:

"Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría...El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas...Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres". Hechos 17:16, 24-25, 28-29

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