Páginas

Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Milagros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Milagros. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de febrero de 2018

El Nacimiento de Jesús



“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”. Isaías 9:6-7


El Nuevo Testamento empieza con los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Estos fueron los principales apóstoles y discípulos de Jesús. Jesús descendió de Abraham, Isaac, Jacob y David. María era la virgen mencionada por el profeta Isaías, la cual fue concebida por el Espíritu Santo. Cuando el ángel Gabriel se le apareció a José, le dijo que le pusiera por nombre "Jesús", que significa "el Señor salva". José obedeció al ángel y solo tuvo relaciones con María después de que naciera Jesús (Mateo 1:18-25).

Jesús nació en Belén, tal y como dijo el profeta Miqueas (Miqueas 2:6), hasta él vinieron a adorarlo unos reyes sabios llegados del oriente, siendo guiados por una estrella. Le trajeron oro, incienso y mirra. El oro era para reconocer que Jesús era Rey, el incienso para reconocer que era Dios y la mirra para reconocer que era Hombre, ya que se usaba para embalsamar cuerpos. Después José y María tuvieron que huir con el niño a Egipto, ya que un ángel le advirtió a José en sueños que huyera hasta allí porque el rey Herodes tenía intención de matarlo. Al morir Herodes, regresaron a Israel, a la ciudad de Nazaret (Mateo 2:1-23).

Dice la Biblia que en aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto, tal y como profetizó Isaías (Isaías 40:3). Jesús se presentó ante él para ser bautizado y el Espíritu Santo bajó del cielo y lo tomó. Se oyó una voz desde el cielo que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:17).

Jesús fue tentado en el desierto por 40 días y 40 noches, pero resistió la prueba, guiado por el Espíritu Santo de Dios. Después, Jesús empieza a predicar el Evangelio del arrepentimiento "arrepiéntanse porque el reino de Dios se ha acercado" (Mateo 4:17). Se trasladó a Capernaúm, donde empezó a llamar a sus doce discípulos. Jesús les enseñó que no vino a anular la ley de Moisés, sino a cumplirla, lo cual es requisito para entrar en el reino de Dios. Además de enseñar la ley, Jesús predicó en forma de parábolas e hizo grandes milagros que sirvieron como testimonio de que él era el Hijo de Dios.

Desde el pecado de Adán y Eva, Dios ya planeó el nacimiento y muerte de Jesús. Esto era necesario para devolver al hombre la vida eterna que perdió en el jardín del Edén. Jesús iba a ser el Dios vivo que representaría al Dios del cielo. Padre, Hijo y Espíritu Santo son el mismo Dios que salva al hombre del pecado y de la muerte (1ª Juan 5:12). El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, le cree también al Padre y al Espíritu Santo, que es la verdad. El que tiene al Hijo, tiene la vida y el que no tiene al Hijo, no tiene la vida. Por último, hay que decir que, según la Biblia, no hay fecha exacta del Nacimiento de Jesús, ni siquiera del mes.

martes, 13 de septiembre de 2016

La Fe valiente de Daniel



Durante el cautiverio de Israel en tierras de Babilonia, vino el rey Nabucodonosor y se apoderó de Jerusalén y los utensilios sagrados del templo. Entre el grupo de cautivos, se encontraba Daniel, muchacho de linaje de príncipes, inteligente y de buen parecer. Él, junto con Sadrac, Mesac y Abednego, iban a ser preparados para servir en la corte del rey y comer del banquete real. Pero Daniel no quería contaminarse con dicha comida y pidió alimentarse con verduras, frutas y agua. Pasado el tiempo de preparación para servir al rey, los encontraron diez veces más inteligentes que todos los magos y astrólogos del reino.

Un día, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño y quiso que los magos lo adivinaran y les explicara su significado. De no ser así, mandaría matar a todos los sabios del reino. Y así fue...pero Daniel fue fiel al Señor desde el principio y Dios le rebeló el sueño y el significado. Había soñado con una gran estatua con la cabeza de oro, el pecho y brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies mitad de hierro y mitad de barro. Después una roca cayó, destrozó la estatua y sus restos desaparecieron con el viento. La roca se convirtió en un gran monte que ocupó toda la tierra. Esta fue la interpretación que Daniel le dio: cada parte de la estatua representa un reino: la cabeza de oro es el reino de Nabucodonosor y los demás son reinos más débiles, donde el último (los pies) es un reino dividido. La roca representa a Dios y su reino venidero que destruye los demás reinos. Ante esta interpretación, el rey se postró rostro en tierra ante Daniel y reconoció que su Dios es el más importante y poderoso. Por ello, el rey nombró a Daniel jefe de la provincia de Babilonia y de los sabios.

Pero el rey Nabucodonosor tenía un corazón orgulloso y mandó construir una gran estatua de 30 metros de altura. Emitió un decreto en el que todo el pueblo debía adorar a la estatua y mandó echar al horno de fuego a quien no lo hiciera. Pero Sadrac, Mesac y Abednego se negaron. Estos fueron arrojados a un horno siete veces más caliente de lo normal y apareció un ángel junto a ellos que los salvó. Entonces el rey bendijo al Dios de ellos y los ascendió de sus cargos.

Mas tarde, el rey tuvo otro sueño donde aparecía un gran árbol que llegaba al cielo cargado de frutos que alimentaban a todos. Los animales se refugiaban en su sombra y la aves se posaban en sus ramas. De repente un ángel que bajó del cielo mandó cortar sus ramas y esparcir sus frutos, menos el tronco y las raíces. Ese gran árbol es el rey, dijo Daniel, que se hizo grande y poderoso. Pero el Dios Altísimo lo había sentenciado a siete años de humillación y hambre, hasta que reconociera que no hay otro Dios. Todo este sueño se cumplió tal y como Daniel lo había interpretado. Después, el reino le fue devuelto a Nabucodonosor.

Durante el reinado del rey Darío, Daniel fue uno de los gobernadores y hombre de confianza del rey, pero los demás ministros le tuvieron envidia y maquinaron la forma de acusarlo. Sugerieron al rey un decreto para prohibir la oración y petición a cualquier dios que no sea el rey durante treinta días. Quien no lo cumpliera, sería arrojado al foso de los leones. Daniel, habiéndose enterado del decreto, se fue a casa, abrió las ventanas y le oró a Dios, ya que tenía por costumbre orar tres veces al día. El rey Darío apreciaba mucho a Daniel y tuvo que cumplir con el decreto, pero se encontró con la sorpresa de que los leones no tocaron a Daniel. Al final, los acusadores de Daniel fueron los que cayeron devorados por los leones. Ante lo sucedido, el rey mandó adorar al Dios de Daniel.

Por último, Dios habla a Daniel sobre el tiempo del fin, diciendo que en aquellos días habrá una Gran Tribulación (sufrimiento) como nunca la hubo jamás, que todos los que estén escritos en el Libro de la Vida serán salvos (Arrebatamiento de la Iglesia) y que habrá un Juicio Final donde unos tendrán vida eterna y otros serán objeto de vergüenza. Ver también 1ª Tesalonicenses 4:17, donde habla de la segunda venida de Cristo y el Arrebatamiento de su iglesia.

El Milagro de Sadrac, Mesac y Abednego:

“Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.

Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían”. Daniel 3:19-27

El rey Nabucodonosor reconoce y alaba a Dios:

“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”. Daniel 4:34-37

Daniel se salva del foso de los leones:

”Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño. El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios”. Daniel 6:16-23

El rey Darío reconoce a Dios:

“El rey Darío escribió este mensaje para la gente de todas las naciones y lenguas del mundo: «Los saludo a todos y deseo que tengan paz y prosperidad. Ordeno que en todo mi reino, hasta en la más pequeña provincia, todos adoren y respeten al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo y existe para siempre. Su reino jamás será destruido; su poder no tiene fin. Él salva y libera; hace prodigios y milagros en la tierra y en el cielo. Él salvó a Daniel de los leones”. Daniel 6:25-27

La profecía del fin de los tiempos:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. Daniel 12:1-4

SEGUIR LEYENDO, HAGA CLICK “>” ó “ENTRADAS ANTIGUAS” (según versión)

sábado, 29 de agosto de 2015

Elías desata la Ira y el Fuego de Dios

Imagen tomada de Obrerofiel.com

Después del rey Salomón, hubo reyes que obraron mal delante del Señor y que adoraron a otros dioses ajenos, como Baal y la diosa Aserá. Pero el rey Acab fue el colmo del colmo de los reyes idólatras y desobedientes a la Palabra de Dios. Se casó con Jezabel, una mujer sidonia que adoraba y servía a Baal.

Dios habló al rey Acab por medio del profeta Elías. Este le profetizó que no llovería en los próximos años hasta que él lo ordenara. Y así fue, durante tres años y medio hubo sequía y hambre en Israel. En ese periodo de tiempo, los profetas del Señor fueron perseguidos y exterminados. Elías fue mandado por Dios a un lugar de refugio. Allí estuvo un tiempo bebiendo de un arroyo y comiendo gracias a un cuervo que le traía comida. Después lo llevó a otro lugar donde había una viuda pobre con su hijo, la cual le dio pan y agua. Elías, movido por Dios, le dijo a la viuda que mientras durara la sequía nunca se le acabaría la harina ni el aceite que tenía. Al tiempo, el hijo de la viuda enfermó y casi no respiraba, pero Elías oró a Dios y se sanó.

Después de tres años de sequía y hambre, Dios mandó a Elías a encontrarse con el rey Acab. Le pidió que trajera a los 450 profetas de Baal y los pusiera en presencia de todo Israel en un monte llamado Carmelo. El rey aceptó y cuando llegaron todos al monte Carmelo, Elías le preguntó al pueblo a qué dios quería seguir, si a Baal o al Señor. Les propuso a los profetas de Baal que invocaran a su dios y que le sacrificaran un animal como ofrenda. Él también haría lo mismo. El dios que contestara con fuego, ese sería el Dios verdadero.

Elías invitó a los 450 profetas de Baal, que eran más numerosos, a que comenzaran el sacrificio y la oración. Estuvieron desde la mañana hasta el mediodía invocando al dios Baal, pero no contestó. Después, Elías reconstruyó el altar del Señor que estaba en ruinas e hizo una zanja alrededor llena de agua. Después colocó la leña y el animal, e hizo que le echaran agua encima por tres veces. Entonces Elías invocó al Señor (vean la oración más abajo). En ese momento, cayó fuego del Señor y consumió el holocausto, el agua de la zanja, el suelo y las piedras del altar. El pueblo, al verlo, se postró y exclamó: ¡El Señor es Dios, el Dios verdadero! Elías ordenó que capturaran y ejecutaran a los profetas de Baal. Después, le dijo al rey Acab que se fuera para casa porque ya iba a volver la lluvia. Después de que Elías le pidiera siete veces al Señor que lloviera, llegó un aguacero terrible.

Sin duda, Dios estaba con Elías, él fue el único profeta del Señor que quedó vivo durante el reinado del rey Acab, mientras que Baal tenía a 450 profetas. Pero Dios no necesitaba más que a uno para demostrar su poder y grandeza. Tanto amaba Dios a Elías, que al final se lo llevó al cielo en un torbellino de fuego y nunca más se supo de él (2ª Reyes 2:11).

Todo esto nos enseña que Dios se manifiesta con poder y gloria cuando estamos con él, le obedecemos e invocamos su nombre. Él quiere enseñarnos que no hay otro Dios fuera de Él ni lo habrá jamás. Además, cuando servimos a otro dios, él muestra su ira y aplica su justicia con total soberanía. ¿Quién sabe más que Dios?

El rey Acab hace lo malo delante del Señor:

“Acab hijo de Omrí hizo lo que ofende al Señor, más que todos los reyes que lo precedieron. Como si hubiera sido poco el cometer los mismos pecados de Jeroboán hijo de Nabat, también se casó con Jezabel hija de Et Baal, rey de los sidonios, y se dedicó a servir a Baal y a adorarlo. Le erigió un altar en el templo que le había construido en Samaria y también fabricó una imagen de la diosa Aserá. En fin, hizo más para provocar la ira del Señor, Dios de Israel, que todos los reyes de Israel que lo precedieron". 1ª Reyes 16:30-33

La profecía de Elías al rey Acab:

“Ahora bien, Elías, el de Tisbé de Galaad, fue a decirle a Acab: "Tan cierto como que vive el Señor, Dios de Israel, a quien yo sirvo, te juro que no habrá rocío ni lluvia en los próximos años, hasta que yo lo ordene". 1ª Reyes 17:1

Dios ordena a Elías que se presente ante el rey Acab:

“Después de un largo tiempo, en el tercer año, la palabra del Señor vino a Elías y le dio este mensaje: Ve y preséntate ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra. Así que Elías se puso en camino para presentarse ante Acab". 1ª Reyes 18:1-2

“Cuando lo vio, le preguntó: ¿Eres tú el que le está causando problemas a Israel? No soy yo quien le está causando problemas a Israel respondió Elías. Quienes se los causan son tú y tu familia, porque han abandonado los mandamientos del Señor y se han ido tras los baales. Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reúna conmigo en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de la diosa Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel. Acab convocó en el monte Carmelo a todos los israelitas y a los profetas. Elías se presentó ante el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra".
1ª Reyes 18:17-21

La oración de Elías:

"Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. ¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su corazón! En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo vio esto, se postró y exclamó: 
¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!". 1ª Reyes 18:36-39

Versión bíblica: Nueva Versión Internacional (NVI)

SEGUIR LEYENDO, HAGA CLICK “>” ó “ENTRADAS ANTIGUAS” (según versión)

viernes, 1 de mayo de 2015

El Espíritu de Dios en Sansón


 
La desobediencia del pueblo de Israel lo condujo al cautiverio de manos de los filisteos, pueblo enemigo de ellos. Sansón era un hombre fuerte, valiente y preparado para la batalla. Desde su nacimiento fue consagrado a Dios y lleno de su Espíritu, dotándole de una fuerza sobrenatural que le ayudaría a luchar contra los filisteos.

Expliquemos un poco la consagración a Dios de Sansón. La Palabra habla de que un ángel se le apareció a la madre de Sansón, la cual era estéril. Le dijo que iba a concebir un hijo nazareo y que navaja no pasaría sobre su cabeza. “Nazareo” significa que Sansón iba a ser consagrado a Dios para un propósito. “Navaja no pasará sobre su cabeza” significa que sólo a Dios adoraría y no a otro Dios, ya que los filisteos adoraban a un dios pagano llamado Dagon y se rapaban la cabeza como símbolo de adoración a él.

Por otro lado, la Ley de Dios incluía un mandamiento que impedía el matrimonio entre descendientes de israelitas y descendientes de pueblos enemigos. Sansón desobedeció esta ley y se enamoró dos veces de una mujer filistea. La última mujer, llamada Dalila, lo sedujo para que le revelara el secreto de su fuerza sobrenatural y poder así derrotarlo en la batalla contra los suyos. El secreto estaba precisamente en el cabello de Sansón. Como se dice anteriormente, raparse la cabeza era símbolo de adoración al dios filisteo y por eso Sansón perdió su fuerza al ser rapado, fuerza que se encontraba en el espíritu del Dios de Israel y no en otro dios.

Sansón sufrió las consecuencias de la desobediencia. Fue derrotado por el ejército filisteo, quien lo apresó y lo humilló delante de todos. Además, quedó ciego y sin fuerza para luchar. Casi muerto, Sansón se arrepintió y clamó a Dios que le devolviera su fuerza. Dios lo escuchó y le concedió su deseo antes de morir. De esta manera, mientras era humillado, Sansón derribó las columnas del templo donde se encontraba un gran número de filisteos y murieron junto con él.

Dios es un dios justo y misericordioso. Cuando desobedecemos su palabra, Dios nos quita la bendición. Pero si nos arrepentimos, Dios escucha y nos devuelve la bendición. Dios exalta a quien se humilla y humilla a quien se enorgullece.

Nacimiento de Sansón:

“Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta años. Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos. A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos". Jueces 13:1-5.

“Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol". Jueces 13:24-25

Sansón revela a Dalila el secreto de su fuerza:

“Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres. Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero". Jueces 16:16-18

Clamor y muerte de Sansón:

“Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida". Jueces 16:28-30

SEGUIR LEYENDO, CLICK ">" o "ENTRADAS ANTIGUAS" (según versión)

Josué y la Conquista de la Tierra Prometida


 
Después de la muerte de Moisés, Dios eligió a Josué para dirigir, conquistar y tomar posesión de la Tierra Prometida que juró entregar a Abraham, Isaac y Jacob. Ya era el tiempo que Dios había elegido para ello, ya que el pueblo de Israel había adquirido la preparación necesaria para tal hazaña. Cuarenta años pasó el pueblo de Israel en el desierto quejándose y sufriendo las consecuencias de la falta de fe y obediencia a Dios. Incluso Moisés pecó de falta de fe cuando Dios hizo brotar agua de la roca en el desierto. Por eso Dios no le permitió entrar en la tierra prometida.

En esta nueva generación del pueblo de Israel, ya había un gran número de hombres valientes, ordenados en 12 tribus y preparados para la batalla. Dios le ordenó a Josué que se esforzara y fuera valiente, y que obedeciera la Ley como condiciones para que todo le saliera bien en la conquista que iban a emprender. De esta manera, Dios iba a estar con él y con su pueblo a donde quiera que fuera.

El río Jordán era el obstáculo que impedía que el pueblo entrara en la tierra prometida. Por ello, al igual que con el mar Rojo, Dios dividió las aguas del río hasta que todos cruzaron. El arca del pacto, que significa la presencia misma de Dios, iba delante del pueblo, la cual era sustentada por los levitas (tribu elegida por Dios para ello). Una vez cruzado el Jordán, todos los reyes enemigos de Israel les temían, ya que Dios iba con ellos.

Jericó fue la primera ciudad en ser conquistada. Una vez más Dios hizo una demostración de su poder y su gloria cuando rompió y derribó los muros que rodeaban la ciudad. Cada centímetro cuadrado que se conquistaba era condicionado por la obediencia a Dios. Pero cuando el pueblo desobedecía, se encontraba con una derrota contundente.

Esta palabra nos enseña que hay que ser esforzados y valientes para cualquier reto de la vida, pero también hay que prepararse, tener fe y obedecer los mandamientos de Dios. Si cumplimos estas condiciones, Dios peleará la batalla por nosotros y nos dará la victoria. Si no obedecemos, sufriremos derrotas y fracasos.

Dios da instrucciones a Josué:

“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión". Josué 1:1-11

Dios abre las aguas del Jordán:

“Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco". Josué 3:14-17

La conquista de Jericó:

“Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá". Josué 6:2-5

SEGUIR LEYENDO, CLICK ">" o "ENTRADAS ANTIGUAS" (según versión)

sábado, 21 de marzo de 2015

El Arca del Pacto

 
 
Hablemos de otro pacto, ya que Dios es un Dios de pactos. Esta vez fue con su pueblo, el pueblo de Israel, y lo hizo a través de su siervo Moisés.

Después de que Dios liberara al pueblo de Israel con grandes milagros y prodigios, el pueblo de Dios fue llevado al desierto durante 40 años. La terquedad y la desobediencia del pueblo explican este largo periodo de tiempo de sufrimiento y calamidad. Dios quiso hacer un pacto con su pueblo a través de Moisés, un pacto para dar testimonio a las generaciones de sus milagros y proezas cuando fue liberado de Egipto, un pacto para sellar una alianza entre Dios y su pueblo. Esta alianza significa que Dios promete estar siempre al lado de su pueblo, a cambio de que su pueblo no adore a otro Dios y cumpla la Ley. Dicho pacto se simboliza con el arca que Dios mandó construir a Moisés.

Dios habló a Moisés en el monte de Sinaí en medio de truenos y relámpagos y un fuerte sonido de trompetas. Dios entregó su Santa Ley a Moisés en unas tablas de piedra. La Ley es un conjunto de preceptos y mandamientos que Dios exige a su pueblo. No sólo incluye los 10 Mandamientos, sino que también hablaba de purificación, expiación de pecados mediante ofrendas y santidad como condiciones para acercarse a Dios. Para ello, Dios mandó a Moisés construir un templo, llamado "tabernáculo de reunión", en cuyo interior se encuentra el arca del pacto, que representaba la presencia misma de Dios. Dentro del arca estaban las tablas de la Ley, aunque posteriormente se le añadieron la vara de Aaron reverdecida y el maná con el cual Dios alimentó a su pueblo en el desierto.

Antes de que se cumplieran los cuarenta años que el pueblo de Israel debía pasar errando por el desierto, Moisés alcanzó a ver desde lejos la hermosa y rica tierra prometida, y Dios le dijo: “Esta es la tierra que yo juré dar a Abraham, Isaac y Jacob, se la daré a tu descendencia, te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella”. Moisés aceptó con resignación y humildad la orden de Dios, y le entregó el mando a quien Dios le ordenó y murió tranquilo en la tierra de Moab.

El Pacto de la Alianza:

"Moisés subió al monte Sinaí y el Señor le dijo: Di esto a los hijos de Israel: vosotros habéis visto lo que he hecho a Egipto y cómo os he traído a mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi Alianza, vosotros seréis mi pueblo entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra, y vosotros seréis para mí Nación Santa y de Sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”. Éxodo 19:3-6

"Entonces Dios mandó sacrificar algunos animales, y tomando Moisés un poco de sangre roció con ella al pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la Alianza que hace Dios con vosotros sobre sus mandamientos”. Éxodo 24:8

La impaciencia acaba en desobediencia:

"Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido". Éxodo 32:1

SEGUIR LEYENDO, CLICK ">" o "ENTRADAS ANTIGUAS" (según versión)

sábado, 24 de enero de 2015

Moisés y la liberación del pueblo de Israel


 
Cuando Dios habló a Moisés en la zarza, fue con el propósito de liberar al pueblo de Israel de manos del faraón de Egipto. Al principio, Moisés no creía mucho en sí mismo porque no se sentía capacitado para hablarle al faraón, pero Dios lo eligió a él para exaltarlo. De hecho Dios usa al más vil o al menos capacitado para ponerlo en alto después. Finalmente, Moisés accedió y Dios le puso a su hermano Aarón como ayudante para tal hazaña. El objetivo del Gran Yo Soy era claro: liberar a su pueblo y mostrarle sus milagros y prodigios. La liberación de Israel tuvo precio: Dios golpeó al faraón con hasta diez plagas, pero ninguna afectó a los israelitas. De hecho, el faraón acabó echándolos del país con todas sus pertenencias, joyas, etc.

Como ven en las fotos, Dios abrió el mar Rojo. Esto representa tan solo el principio de muchas maravillas y proezas. Pero el pueblo de Israel era muy terco y duro de corazón, ya que veía los milagros y al final le podía la incredulidad.

Esta enseñanza nos muestra que Dios nos ama como a su pueblo, pero él quiere que lo obedezcamos, que pongamos nuestra fe en él y que lo adoremos solamente a él. Dios nos quiere liberar de la esclavitud del pecado y llevarnos por un camino de libertad, amor y bendición. No importa cómo ni cuándo, lo importante es que Dios estará siempre con nosotros y él se encargará de hacer lo necesario con tal de que estemos bendecidos y en tierra fértil donde fluye leche y miel.

Dios se presenta a Moisés:

"Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios". Éxodo 3:1-6

Dios manda a Moisés una misión:

"Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte". Éxodo 3:7-12

Dios abre el mar:

"Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda". Éxodo 14:21-22

"Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo". Éxodo 14:30-31

SEGUIR LEYENDO, CLICK ">" o "ENTRADAS ANTIGUAS" (según versión)